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Arrecia profanación en el Cementerio General del Sur


 Arrecia profanación en el Cementerio General del Sur



Quienes visitan con frecuencia  el Cementerio General del Sur, el principal camposanto de la ciudad, dicen que viven en luto permanente. Los caminos tupidos de espesa vegetación, el ambiente enrarecido por el acecho de ladrones y las tumbas de puertas abiertas corroboran la desidia en la necrópolis.
Margarita Aponte tiene 79 años y cuenta que acude dos veces por semana para cuidar los restos del que en vida fue su marido.  Afirma que en el General del Sur hay más tareas pendientes que muertos sepultados. "Lo enterré hace dos años y me niego a que se lo lleven los santeros. Estoy haciendo gestiones en Sanidad para trasladarlo a El Junquito", contó.

En el lugar los deudos caminan despabilados, prevenidos por quienes van de regreso. A la profanación de tumbas, un problema que ha recrudecido el último año, los visitantes adhieren la improvisación de asentamientos informales por personas en situación de calle.

A propósito del Día de los Muertos, que se conmemora mañana, ayer algunos familiares visitaron por adelantado las tumbas de sus difuntos. A María de Angulo le tomó menos de 10 minutos cumplir con su esposo. El mayor tiempo se lo llevó el responso por los difuntos, una oración que recitó a contrarreloj, en compañía del capellán del cementerio, mientras su hija acomodaba las flores y esparcía agua limpia para arrancar la mugre del sepulcro.

"Lo hacemos todo de prisa, porque corremos peligro al quedarnos mucho tiempo", dijo Angulo, al  criticar el asedio de quienes comercializan con la muerte: personas que venden huesos para practicar rituales.
Un empleado del cementerio, que pidió resguardar su identidad, relató que las profanaciones ocurren a plena luz del día, cuando "los carroñeros de huesos" se hacen pasar por deudos y destrozan las tumbas. Se trata de un negocio redondo que, según comenta el trabajador, deja dividendos a quienes se encargan de la seguridad.

Ubicado en la parroquia Santa Rosalía, el Cementerio General del Sur tiene 246 hectáreas y fue inaugurado 1876, durante el primer gobierno de  Guzmán Blanco. Su construcción devino en la clausura de 27 necrópolis que incumplían las normas sanitarias en Caracas. En el lugar los vivos imponen la rutina. Las tumbas son caminerías, casas y fogones. 

No hay deferencia ni respeto hacia los difuntos. El deterioro también corroe las esculturas que guardan valor patrimonial. En especial las que están en el bulevar principal que fue declarada Monumento Histórico Nacional en junio de 1982.

El mausoleo de Joaquín Crespo, un monumento de estilo dórico, considerado el más importante del campo, no escapa del zarpazo del hampa. Del panteón, que data de 1898, solo quedan ventanas con vitrales resquebrajados. El hurto de los restos de Crespo y de su esposa Jacinta, denunciado en marzo de 2013, es aún una incógnita por despejar.

Aun cuando no se hacen mayores expectativas sobre el Día de los Muertos, los floristeros que circundan el lugar esperan que mejoren las ventas. María Fátima Do Nascimento y su hermana Olga Do Nascimento cuentan que la tradición de llevar flores a los difuntos ha cobrado cierto lujo. El ramo más pequeño cuesta entre Bs 3 mil y 4 mil. Y uno más nutrido alcanza los 15 mil. Mientras los cirios van desde Bs 3 mil a 8 mil.

Fuente: ElUniversal.com