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Crece la violencia por comida en familias de clase media


Crece la violencia por comida en familias de clase media



Más de cinco acuerdos de convivencia pacífica se han firmado entre parientes que viven en cinco urbanizaciones del municipio. La psicóloga Yorelis Acosta advierte la importancia de blindarse ante las dificultades

Hermanos que se pelean por pedazos de carne o hijos que acusan a la madre de haberse apropiado de una paca de arroz son casos de violencia que este año han desplazado los reclamos por ruidos molestos y deudas por cobrar, frecuentes en la comunidad hace dos años. "En 30 años que llevo ejerciendo funciones de mediación de paz nunca había visto lo que está ocurriendo ahora", afirma Francisco Hernández, director de justicia municipal de Sucre, que se encarga de atender los problemas de las comunidades. 

La mayoría de los vecinos que acuden a su oficina son remitidos por el Ministerio Público debido a casos de violencia verbal e incluso física. Ha tramitado 1.100 denuncias en lo que va de año y la principal causa es la escasez o la dificultad para conseguir comida. 

Buena parte de los casos de violencia por alimentos son por las bolsas del Comité Local de Abastecimiento y Producción en sectores populares de Petare, pero están extendiéndose a zonas de clase media: La Urbina, El Marqués, El Llanito, Boleíta, Pablo VI y Terrazas del Ávila, informó Hernández. 

Desde febrero pasado las denuncias entre familiares por desaparición, apropiación indebida o hurto de alimentos, más que por sustracción de dinero o de joyas, se han multiplicado velozmente. El funcionario ha firmado más de cinco acuerdos de convivencia pacífica con familias de esas urbanizaciones: "Antes se decía que donde comían dos comían tres y hasta cinco, pero la realidad actual es que vienen a pedirme que haga un acuerdo conciliatorio de convivencia pacífica en las casas y hemos firmado unos pactos que demandan que cada uno de los integrantes de la familia cierre su habitación o el espacio que ocupa; que cada quien se compre y cocine su comida; que aporten de manera igualitaria el dinero para el pago de los servicios; que cada quien limpie su cuarto y demás sitios que utilice; reglamentar el uso de las áreas comunes y equipos de la casa y hasta normar las visitas de allegados que algún miembro de la familia lleve a la casa. Es realmente increíble", expresó. 

Tuvo que firmar una orden de alejamiento a un joven porque acuchilló a un primo que le reclamó que no agarrara los 20 kilos de carne que había comprado, luego de hacer 3 horas de cola en Petare. 

"Estamos en una especie de jungla, en la que cada quien hace lo que le da la gana porque no hay razones para no hacerlo. 

No hay justicia porque alguien se ha dado a la tarea de destruir 50 años de país", lamentó Hernández, uno de los primeros jueces de paz de Caracas. 

La crisis por la escasez y el alto costo de los alimentos está erosionando a la familia, la más básica de las instituciones, y sus valores. Advierte un peligroso recorte de alimentos que aún no ocasiona las hambrunas inducidas en países del Este a principios del siglo pasado, pero que no descarta "si esto sigue como va". 

La Psicología Social lo considera una de las más graves situaciones vividas por la población venezolana. "En este momento la emoción número uno es la tristeza, seguida de la rabia, y ambas combinaciones son negativas. Esto está evidenciando la importancia de la vida de todos y cómo la falta de ánimo, la desesperanza está provocando emociones negativas", dijo la psicólogo e investigadora del Cendes Yorelis Acosta. Agregó que una de las grandes perdedoras es la familia, que queda sin estructura, sin el padre o sin la madre a los que los hijos puedan recurrir. 

"Lo que se tiene enfrente es muy oscuro y la gente debe protegerse emocionalmente y hacer cosas que den tranquilidad. De no ser así, cualquier cosa puede ser un detonante", alertó. 

Fuente: elnacional.com