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Una larga infiltración


Una larga infiltración



Por Daniel Lara Farías

"Los hombres y los reyes deben juzgarse por su actuación en los momentos críticos de sus vidas". Winston Churchill
I

Dios castiga a gente como yo a tener memoria. Eso es un castigo en tierras de gente desmemoriada. A veces, me gustaría tener un poquito de amnesia.

Debe ser la fórmula para vivir contento en Venezuela. Tener amnesia es ideal para sobrellevar al país que te hace bullying a diario. Un país que te empuja, casi a cada instante, para recordarte que ser venezolano es olvidar o vivir tranquilo.

Por eso, recordar es incordiar en las felices vivencias de los desmemoriados felices.

Ya nadie recuerda que el chavismo construyó un sistema donde escogió a sus oponentes, desde el primer momento. En principio, hicieron lo que haría cualquier grupo político en una competencia electoral: confrontar con el contrincante que más validara sus posiciones contrarias. Así, al supuesto representante de los pobres y de los empobrecidos de la clase media, le convenía confrontar con el rico y su representante. Cuando Chávez decidió confrontar con Salar Römer y no con Irene, Alfaro o Claudio Fermín, tomo la decisión más obvia: la cosa es los pobres contra los ricos, escojamos al rico. Punto.

Pero lo que vino después fue menos instintivo y más estrategia pactada, con personajes asalariados. La falsa ruptura de Arias Cárdenas con el chavismo, lo hizo candidato de una oposición vacía de liderazgos. El chavismo necesitaba una oposición y, al no tenerla, la creó. Ahí salió Arias, con su rol: liderizar la construcción de una oposición que formara parte del sistema en ciernes. Nada más, nada menos: vete y forma una oposición. Y la formó.

Cuando Arias dejó de ser útil como opositor, se le recogió. ¿Se vendió Arias Cárdenas cuando regresó al chavismo? No. Es que nunca dejó de estar en los filas del lado oscuro. Ni se fue ni regresó: actuó en función del papel asignado, en el momento determinado. En 2002, cuando la operación Resurrección Uno se ejecutó en el regreso de Chávez al poder, se realinean las posiciones. Baduel, Arias, el grupo 4-F en el rol que correspondía. ¿Quién sería la oposición? Los necesarios: los ricos golpistas de Primero Justicia.

II

A Julio Borges lo agarraron con las manos en la masa en abril de 2002. Metido hasta el fondo en la conjura falsa, en la trampa del golpismo militar que no era tal. Unos pobres militares sin mando ni tropa, convencieron a unos muchachos ambiciosos de ser la Unión Patriótica Militar del ’45. Los muchachos, en consecuencia, se vieron como los adecos del ’45. El problema: ninguno de los nombrados eran iguales a Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud, Rómulo o Leoni. Ni estaban en el ’45. Ni peleaban contra el postgomecismo.

Ese error de cálculo, esa chapuza monumental, sirvió para dejar al descubierto la ambición de la clase política rentista, del empresariado rentista, del militarismo rentista. Siendo todos aspirantes a la renta, el problema entonces no era quien tumbaba a quien, sino quien repartía mejor, para que nadie quisiera tumbar al otro.

Dicen que la idea fue de José Vicente Rangel. Quizás fue una idea pre-empacada en La Habana. Pero da igual: había que convertir a Primero Justicia en “la oposición”. A los muchachos de colegio del este de Caracas, bien comidos y bien vestidos, telegénicos y bien hablados. De este lado, los desarrapados defensores de los pobres, de los pata en el suelo, de los sometidos por tantos años. Del otro lado, los niños bien, herederos reales o supuestos de los “Amos del Valle” que explotaron a los pobres todos estos años. Aquí los vengadores. Allá, los malvados ricos.

¿Por qué Primero Justicia aceptó tal cosa? Porque Julio Borges quedó desnudo frente al mundo como parte de la trama del 11 de abril, del lado golpista de esas fechas. Las opciones que tenía eran pocas: radicalizarse en el golpismo y en la búsqueda de la salida del régimen, o salvarse pactando. El pacto es obvio: hacer el papel de opositor. Ser la oposición que le conviene al régimen: los ricos de la partida, la protección del rentismo pase lo que pase, electoralismo siempre. Es decir, asimilarse al sistema, ser oposición al chavismo pero no al sistema. “La salida es pacífica, electoral y democrática” es el mantra. Ni más ni menos.

A Primero Justicia se le permitió crecer, más que el resto de los partidos. Para el año 2000 solo poseía alcaldías y diputados a la AN. En 2004, ante el deslave opositor post revocatorio, quedaron con sus alcaldías y sus diputados. En 2005, Primero Justicia llamó a la abstención porque así lo decidió en pleno la oposición, sin embargo Julio Borges votó.

En 2006 vendría lo obvio dentro de este juego: la candidatura de Julio Borges a la presidencia. Pero allí, vendría el escollo principal: no hay un solo jugador en el sistema, porque no le conviene al sistema.

II

Manuel Rosales sobrevive a Alfaro a pesar de ser carlosandresista. En 1995 logra ganar la Alcaldía de Maracaibo luego de dos períodos consecutivos de gobierno copeyano en la ciudad. Fernando Chumaceiro (hasta no hace mucho, empleado de Víctor Vargas en la Fundación BOD), fue el alcalde electo y reelecto hasta ese año, en que AD logra arrebatar lo que se creía un bastión copeyano. En 1995, Rosales gana la alcaldía de Maracaibo y Arias Cárdenas, candidato de La Causa R, gana la gobernación del Zulia. Las casualidades en estos casos no existen.

En 2000, abandona el barco hundido que era (y es) AD, para abrirse camino a la gobernación del Zulia, en alianza con distintos factores. Esa gobernación, bastión desde el cual Arias Cárdenas había construido su capital político propio, la gana Rosales aliado con el joven exsecretario de gobierno de la gobernadora masista Lolita Aniyar de Castro. Ese joven, llamado Giancarlo Di Martino, acompaña a Rosales en la llave ganadora, donde Rosales le deja la alcaldía que había construido y parte a la gobernación.

En 2002, la conjura golpista-rentista recibe a Rosales en Miraflores para firmar, a nombre de los gobernadores, el acta de constitución del gobierno de Carmona. ¿Qué pasó al regreso de Chávez? Pues nada. Rosales tenía las mismas opciones de Borges: pacta o muere. Rosales sigue vivo. Ya sabemos que hizo.

Entre Borges y Rosales ¿Qué era mejor para el régimen? Lo que garantizara la permanencia en el poder y la permanencia de una “oposición” a la medida de ese régimen.

Parar la candidatura de Borges y beneficiar la de Rosales no garantizaba que se ganaran o no las elecciones del 2006, pues el sistema electoral garantiza siempre que el régimen gane. Eso no es lo importante, en ningún caso. Pero lograr la candidatura de Rosales en desmedro de Borges permitía algo importantísimo: fortalecer otro actor dentro de la oposición, distinto a Primero Justicia, que permitiera dividir liderazgos y presentar una importante coartada: la oposición no gana al chavismo no porque le roben los votos sino porque no se ponen de acuerdo. “Están divididos y peleados, no tienen un líder, el chavismo sí”.

Estando la candidatura de Borges en la calle, compitiendo con la de Rosales y la de Teodoro Petkoff, se clamaba por un acuerdo unitario entre los tres, unas primarias o lo que fuese. Pero cantó el gallo: Teodoro declinó. A pesar de la bomba lacrimógena que fue la candidatura del Conde del Guácharo, experimento que obviamente estaba pensado para que empujara la posición electoralista opositora, con Teodoro fuera, se empujaba a los restantes. Y allí, ocurre lo increíble: dentro de Primero Justicia un grupo de dirigentes salta a apoyar a Rosales, por encima del líder del partido que encabezaban. ¿Quiénes eran esos dirigentes de Primero Justicia que apoyaban la opción de Rosales? Leopoldo López, Gerardo Blyde, Liliana Hernandez, los principales.

No pierdan de vista esos nombres.

III

¿Qué se hizo desde que Rosales “perdió” las presidenciales de 2006? Pues construir una oposición reinterpretada. Una nueva versión, renovada. Porque el sistema necesita renovarse, para mantenerse al ritmo de los tiempos.

Rosales convirtió su partido Un Nuevo Tiempo en fuente de trabajo de la dirigencia política que se necesitaba en el sistema. Se le permitió tener suficiente renta para mantener a ese atajo de vagos que son los políticos rentistas de este país. En una situación de extrema carencia, donde no había diputados opositores en la Asamblea Nacional, Rosales salió de compras con la chequera del Zulia y se compró a medio universo político nacional, para ponerlo a operar en la agenda asignada.

Eso duró hasta 2008. Ese año, lo mismo: no puede haber un solo actor fuerte pues el sistema se hace vulnerable. Tienen que haber varios, para que la unidad sea quimera, para que se vea la múltiple dirigencia como factor de derrota electoral, pero eso sí: todo el mundo es rentista y electoralista. Todos a bailar la misma danza: salida electoral, pacífica y democrática.

En 2008 el reparto electoral adjudica a Zulia con Pablo Pérez y a Rosales con la alcaldía de Maracaibo de nuevo. Táchira con el copeyano Pérez Vivas. Miranda con Henrique Capriles. Nueva Esparta, repite Morel ya presente desde 2004. Pero la multiplicidad necesaria, obviamente crecería con la incorporación de Ismael García, Simón Calzadilla, Didalco Bolívar, Ramón Martínez y otros chavistas más, escindidos en 2007 y convertidos en héroes opositores. En 2010, vendría el deslinde de Henri Falcón y Liborio Guarulla. Y así, en 2012, ya Rosales era historia, exiliado y con su partido convertido en una colcha de retazos.

Colcha de retazos donde brillaban elementos como Ricardo Sánchez por ejemplo. Colcha de retazos de donde ya se había ido Leopoldo López a formar su templete Voluntad Popular.

¿Llevamos el ritmo? El sistema necesita multiplicidad de actores, los crea como centrifuga y los paga con renta.

2012 con Capriles contra Chávez. 2013 con Capriles contra Maduro. Un poquito de calle por aquí, cacerolas por allá y listo, todos a casa, porque el tiempo de dios es perfecto y tal.

Fórmulas supuestamente de calle que solo dejan muertos y presos. Lanzarse a la calle “a resistir”, construyendo una supuesta épica que nunca termina bien, obviamente. Y de los 3 líderes de las protestas, 2 terminan presos y la otra perseguida, inhabilitada y sometida a escarnio dentro de la propia oposición por, oh vergüenza, hacerse llamar liberal. ¿Cómo se le ocurre?

Allí, empieza el tema de los presos políticos. Porque aquí no se hablaba de presos políticos como tema hasta que el hijo de Antonieta se le entregó al régimen. Un martirologio que dejaría tieso de envidia a Felix B. Caignet o Delia Fiallo. La novelita de Leopoldo, con la esposa y los dos hijos queriéndolo visitar. Pobre Leopoldo. Libérenlo y tal.

Y así, empiezan a caer como moscas más venezolanos en los calabozos. Se inventan cosas como La Tumba y otras más. Salen a la luz torturas, castigos, suplicios. Pero no a Leopoldo, sino a los demás. A algunos.

De repente, emerge una particularidad: presos de partidos y presos sin dolientes. La imagen que nadie olvida, la de Leopoldo rozagante y musculoso en un video de “fe de vida” frente a barbaridades como la muerte de Franklin Brito o Rodolfo González o Carlos Andrés García, muertos en cautiverio.

Algo va mal en todo esto. Obviamente.

IV

¿A Ricardo Sánchez le pagaron para que saltara la talanquera o le pagaban desde siempre para que estuviera infiltrado en la oposición?

¿Ismael García es opositor?

¿Henri Falcón es opositor?

¿Ramos Allup es opositor?

Desde hace rato, he aceptado que no hay salta talanqueras sino infiltrados. La infiltración es grande. Hay una Falsa Oposición, obviamente. Pero algunos elementos de ella no son los pérfidos personajes que actúan como perros de presa. No. Hay ingenuos bailando al ritmo sin saberlo, aunque poco a poco despiertan. Pero hay personajes haciendo el trabajo y muy bien.

Por eso, no me sorprende cuando un Yon Goicoechea o un Delson Guárate salen de la cárcel para ser candidatos. Después de hablarse de graves enfermedades, de torturas, de suplicios, rozagantes los vemos inscribiéndose de candidatos. ¿Por qué sorprenderse?

Yo más que sorprenderme, me entristecí, lo confieso. Se me saltaron las lágrimas de hecho, porque a Delson en particular lo conozco y le tenía respeto. Pero después de minutos, me dije: estamos en la parte de la película donde se descubre quien es el asesino. Así que no más lágrimas.

La defensa de ambos es patética, porque es ajena y mendaz. Que si los presionaron. Que si nadie sabe lo que han sufrido. Que si pobrecitos, los quebraron.

Todos sabemos que a los presos los torturan para que confiesen, para que involucren a otros, para que digan dónde está el botín. Yo quisiera que alguien me explicara si en alguna parte del mundo a un preso lo torturan para ser candidato. Yo quisiera que me dijeran si en Venezuela es necesario meter a alguien preso y torturarlo para que acepte ser candidato.

Estafadores seriales. Falsa Oposición. Falsa Ciudadanía. El juego sigue.

Dice la frase popular urbana: “Y se verán cosas peores, dice la biblia”.




Por Daniel Lara Farías
Fuente: http://www.lacabilla.com