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Ciudad decadente: Noches de una Caracas violenta



Ciudad decadente: Noches de una Caracas violenta


Se había reunido artistas, bandas, vendedores ambulantes y mucha gente en la Plaza de Los Museos de Bellas Artes. Hace siete años, los fines de semana eran culturales en cada rincón.

Yo me encontraba con dos amigos, Carlos y Rafa, tomando cervezas y fumando cigarros.
Tras unos buenos 45 minutos de drum&bass, dos amigas se habían unido a nosotros y propusieron irnos a seguir echando broma en Sabana Grande. Eran apenas las 9:00 p.m. y para ser domingo, las calles se veían bastante activadas.

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Ahí fue como se nos ocurrió caminar desde el Parque Los Caobos hasta el bulevar. Durante todo el trayecto mi más grande temor era que se nos parara una moto al lado o que nos emboscaran malandros e indigentes de la zona.

Por fortuna, nada pasó y logramos llegar a una arepera ubicado muy cerca de la Torre Lincoln. Apenas le había dado tres mordidos a mi arepa cuando se desató un tiroteo en toda la entrada del establecimiento. Todos nos resguardamos y esperamos hasta poder salir de allí.

Pasado el mal rato, una de las chicas insistió en ir a un bar de dos pisos en el “callejón de la puñalada”. Todo iba bien hasta que un tipo intentó tocar a Rafa y caímos en cuenta de dónde realmente estábamos. Preferimos seguir buscando donde emborracharnos en paz.

Eran ya casi las 12 de la media noche y cuando eres joven y estás ebrio, te crees invencible.

Carlos y una de las chicas se quedaron atrás durante el trayecto hacia la Solano y los robaron rápidamente. Les quitaron sus teléfonos y todo efectivo que cargaban encima.

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Pero nada iba a detenernos, con las tarjetas de Carlos y mía compramos dos servicios de ron en un club de cuatro ambientes que nos gustó mucho y ahí decidimos amanecer.

Pasaron las horas, ya mis amigos se habían peleado con un drogadicto del local y una de las chamas estaba tan borrada que hasta vomitó.

Luego de hacerse las 6:00 a.m. nos alejamos del perímetro del club y fuimos por unas empanadas.

Acordamos ir a un sitio donde vendían las mejores de la zona, pero antes yo iría a sacar algo de efectivo con Rafa mientras Carlos se adelantaba.

No conseguí un cajero operativo así que me rendí y decidí probar con alguno luego de agarrar el metro.

Cuando estábamos llegando al lugar de las empanadas, notamos demasiados policías.
Estaban levantando el cuerpo de un asesinado, se trataba de Carlos.

Recibió una bala en la cabeza la mañana de un lunes cuando no estuvo dispuesto a dejarse robar.

Hoy en día me encuentro fuera de Venezuela y pienso en esa noche. Muchas cosas que pasaron intentaron cambiar ese desenlace pero nosotros queríamos amanecer ebrios en una Caracas que te ofrece tanta felicidad pero que te cobrar hasta tu vida en cualquier instante.


Fuente: Atodomomento.com