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Ecos del “Caracazo” en Venezuela


Ecos del “Caracazo” en Venezuela

Esta semana volvieron a registrarse protestas y saqueos en Venezuela. Mientras el oficialismo finge no ver el pillaje en desarrollo ni sus causas, los medios y periodistas independientes muestran lo que pasa en la calle.

El del “Caracazo” es uno de los episodios principales del mito fundacional de la “Revolución Bolivariana” impulsada por Hugo Chávez a partir de 1999, cuando asumió la presidencia de Venezuela. El “Caracazo” alude a la ola de protestas y saqueos que sacudió a la capital del país y sus alrededores el 27 de febrero de 1989. Su espontaneidad sigue siendo objeto de controversias: esos tumultos son descritos oficialmente como una respuesta visceral colectiva a impopulares medidas económicas decretadas por el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, entonces jefe del Ejecutivo; pero ciertos políticos –de derecha e izquierda– alegan que fueron Chávez y otros extremistas quienes orquestaron el asalto de los comercios para crear caos y propiciar la caída de Pérez.

En todo caso, aquel suceso y la sangrienta represión que le siguió –cuyo saldo es de seiscientas muertes, según la Fiscalía General– suelen ser esgrimidos por el actual partido de Gobierno, el PSUV, para justificar las intentonas golpistas de 1992 que Chávez coorganizó contra Pérez y la adhesión del “hombre fuerte” de Caracas, Nicolás Maduro, al modelo político-económico antiliberal implementado por su predecesor. Hoy, cuando están por conmemorarse 29 años del “Caracazo”, vuelven a registrarse protestas y saqueos en la nación sudamericana, con la diferencia de que, ahora, el oficialismo finge no ver el pillaje en desarrollo ni sus causas. Son los medios y periodistas que no se autocensuran quienes muestran lo que pasa en las calles.

Por su parte, la oposición admite no haber sabido “acompañar” el sufrimiento de la ciudadanía, acotando que “el escenario cotidiano de los venezolanos se agrava con el paso de los días, en una desesperante lucha por niveles mínimos de supervivencia”, a pesar de que el Ejecutivo ordenó recientemente cerrar las fronteras con Aruba, Bonaire y Curazao para evitar el contrabando de extracción; ajustar el sistema de adjudicación de divisas para que incluya las remesas; otorgar bonos y ayudas a familias y mujeres embarazadas; aumentar el salario mínimo y poner más billetes en circulación; y bajar los precios de la mercancía en los supermercados. Economistas y empresarios insisten en que ese tipo de controles agravan los problemas en lugar de resolverlos.

Este jueves (11.1.2018), lo que puso a arder las redes sociales fue el hallazgo de cuatro cadáveres en las costas de Curazao y la presunción de que pertenecen a balseros venezolanos que huían de la crisis más severa y polifacética en la historia de su país. Pero hasta el día anterior, era la documentación de los disturbios en varias ciudades la que acaparaba la atención en Twitter y Facebook. “Nadie puede mirar lo que sucede en Anzoátegui sin sentir pavor por lo que puede ocurrir en Venezuela en los próximos días”, tuiteó Omar González León, miembro del Parlamento Nacional en representación de la formación Vente Venezuela, refiriéndose a los conatos de saqueo que tuvieron lugar en las localidades orientales de Cantaura y Anaco.

Según el diario El Nacional, el estallido social en esas urbes fue catalizado por el aumento del precio del arroz. En Puerto La Cruz y la capital del estado oriental de Sucre, Cumaná, fue el incremento de la tarifa del transporte público lo que caldeó los ánimos. Mientras tanto, en el estado occidental de Zulia, una muchedumbre bloqueaba varias carreteras para manifestar su descontento por la escasez de alimentos. Lo mismo ocurrió en Bolívar, donde una multitud se quejaba por el alto costo de la vida; a juicio del líder opositor Andrés Velásquez, el desabastecimiento de medicamentos y combustible ha sido otro detonante. En Ciudad Guayana, la megaurbe del estado sureño, algunos de los saqueos fueron frustrados.

El periódico local Correo del Caroní señala que Bolívar ha sido foco de tensiones desde hace días a causa “del hambre, pero también de la delincuencia”. En el estado occidental Trujillo, el Diario de Los Andes reporta situaciones similares desde el pasado 4 de enero, “cuando se produjo la toma de la [carretera] Panamericana por personas enardecidas que reclamaban alimentos”. Al asalto de comercios y vehículos particulares se suma el de los camiones que llevan y traen comestibles; de hecho, en Bolívar, los propios transportistas protestan a voz en cuello por el alto costo de los repuestos para sus furgones. En ese estado, el más grande de Venezuela, las circunstancias parecen haberse deteriorado rápidamente desde los últimos días feriados de 2017.

El pasado 26 de diciembre, unas veinte personas fueron arrestadas en Ciudad Bolívar bajo cargos de pillaje; ahora cunde la impresión de que “no hay autoridad” capaz de reinstaurar el orden, como comentaba un comerciante afectado en entrevista con DW. Faltando dos días para Nochevieja, Maduro les pidió a las Fuerzas Armadas que concibieran planes para evitar que en 2018 se repitieran manifestaciones antigubernamentales masivas como las que marcaron el período abril-julio de 2017; pero no articuló palabra alguna sobre los actos de vandalismo que estaban siendo perpetrados mientras él hablaba, ni sobre el creciente malestar de sus compatriotas, incluidos aquellos tradicionalmente percibidos como chavistas.

El mismo 28 de diciembre, la agencia de noticias española EFE entrevistó a dos residentes de barrios ubicados en el oeste de Caracas –bastión oficialista– para conocer las razones de su descontento. “Estamos protestando porque no hay transporte, estamos protestando porque no hay seguridad social, estamos protestando porque falta todo lo que el ser humano, la persona, necesita para vivir en un país normal”, sostuvo una mujer de 34 años que se identificó como Marbelys Arias. “Yo estoy aquí porque no tenemos comida”, declaró una de 55 años que dijo llamarse Irma Peña, subrayando que sus vecinos y ella tenían más de tres meses sin recibir las cajas de alimentos que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) tienen ordenado vender a precios subvencionados.

EFE también reseñó que la Guardia Nacional Bolivariana había utilizado gases lacrimógenos veinticuatro horas antes para dispersar a quienes protestaban en el barrio La Vega, otro sector donde el chavismo ha sido fuerte por muchos años. Por otro lado, EFE es una de las cuatro agencias de noticias internacionales que Maduro ha acusado explícitamente de encabezar una campaña mediática contra su Gobierno. “La ofensiva mundial contra Venezuela a través de los medios arrancó ya; todos los días hay noticias negativas. El año pasado hubo 3.800 noticias negativas”, le reprochó el mandatario también a la británica Reuters, a la estadounidense Associated Press y a la francesa Agence France-Presse.

En su alocución del pasado lunes (8.1.2018), Maduro criticó a esas empresas por nunca traer a colación los aspectos positivos del “socialismo del siglo XXI”, como los éxitos de los programas sociales puestos en marcha por el chavismo, y reiteró que el petroestado no atraviesa una crisis humanitaria, como lo aseveran la oposición local y otras instancias independientes dentro y fuera del país. “Todos los días: plomo, plomo, plomo… a nivel mundial. Las 3.800 noticias de campaña diaria por televisión (...) porque quieren el petróleo, quieren nuestras riquezas, quieren acabar con la Revolución Bolivariana, que es ejemplo de dignidad antineoliberal”, aseguró en un programa de transmisión obligatoria para radio y televisión.

Evan Romero-Castillo (ER)

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