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¡HASTA LUEGO!


¡HASTA LUEGO!

Por: Gladys Rodríguez

Una de las cosas que particularmente más me duele, adicional a la crisis humanitaria, es la partida de miles de venezolanos. Entendible, absolutamente entendible. Pero igual confieso, me genera ansiedad y tristeza, la ansiedad y tristeza propias de ser testigo de la pérdida de tantos compatriotas, familiares, amigos, y extraños, valiosos, extraordinarios, con talentos infinitos. Este éxodo es un duelo permanente.

Mi hija fue guía en un campamento por dos años, el que por años fue sitio de recreación y oportunidad de crecimiento y formación para muchos niños y jóvenes…está cerrado. No se puede mantener. En un acto simbólico de despedida, ella y su grupo de compañeros guías, se reunió en el lugar, un momento para recordar los ratos felices que ahí pasaron y aprovechar en este cálido ambiente para ellos, de decir hasta luego a varios de ese equipo que en las próximas semanas se van. Cuando la fui a buscar, escuchaba su relato, mi corazón se arrugaba.

Hablo de jóvenes cuyo promedio de edad es 20 años, jóvenes enamorados de Venezuela pero forzados a partir, buscando oportunidades, que acá ya no encuentran. Nos ha tocado llorar muchas veces, y seguimos llorando. Esta hemorragia debilita.

Son muchos los que ya hacen vida en familia vía internet, Whatsapp, Skype. ¡Y gracias a Dios existe la tecnología!, pero cuanto duele la partida de manera obligada de tanta gente, la esencia del país, y sin sentir que algún día regresarán.

Cada vez que alguien me dice “me voy, nos vamos”, siento que me clavan un puñal en el corazón y  mientras escribo estas líneas, siento que mis latidos aumentan.

Las veces que me conecto en mi programa de radio en vivo, los saludos me llegan de todas partes, Sidney, Orlando, Miami, Dallas, Otawa, Lima, Buenos Aires, Santiago de Chile, Ciudad de México, Bogotá, Quito, Madrid, Paris, Dubai. Venezolanos que buscan a través de esa pequeña ventana conectarse con sus raíces, con su tierra. Muchos desde la melancolía, esperan el momento del cambio para regresar. A la distancia, sienten la misma rabia que nosotros, padecen la misma tristeza, y también celebran cuando entrevisto a alguien que dentro o fuera de nuestro país, destaca por sus méritos y comparte por radio sus vivencias. Veo los mensajes y siento que están en todas esas ciudades físicamente, pero su mente y alma están acá, ancladas en Venezuela. Es una conexión diaria con emigrantes profundamente enamorados de lo nuestro y hasta con mayor ansiedad por no estar acá y tampoco sentir que pertenecen al país que los acogió.

Ya para este 2018 hablamos de 4 millones aproximadamente que están fuera, y lo que estamos viendo es dramático, venezolanos huyendo por todos los puntos cardinales, incluso dispuestos a vivir en carpas en ciudades como Cúcuta, o de la mendicidad en otros países y aún peor arriesgando la vida en botes. Prefieren  eso, que vivir en esto que ya no luce un túnel sino una cueva sin salida, ni futuro prometedor.

Veo como también, decenas de venezolanos están demostrando sus capacidades en los países que escogieron, y ese brillo que irradian me ilumina el rostro y alimenta mi alma.

No voy a hablar en este artículo de aquellos con mal proceder que al contrario nos colocan en una mala posición en el mundo, porque por fortuna son menos y al final de cuentas, bastante que también nos llegaron cuando los demás países estaban mal y Venezuela era próspera. Es parte de la naturaleza de un éxodo y toca al mundo entenderlo y no generalizar, evitar con responsabilidad y conciencia que paguen justos por pecadores.
Prefiero elogiar a nuestros talentos que están aportando en el crecimiento de otras naciones. Con eso me quedo, y de ellos me siento muy orgullosa. Son muchos y en posiciones destacadas,  María Arnal como Directora General de Google México, o Nadia Hernández la artista venezolana cuyo trabajo fue la inspiración para los fuegos artificiales de año nuevo en Sidney Australia, Andrea Dopico pastelera incluida como una de los 30 jóvenes promesas de Europa por la revista Forbes, por mencionar tres de los miles  que hoy destacan en el exterior. Vemos con emoción como en concursos  de televisión conquistan a jueces,  audiencias y se viralizan por las redes por una actuación impecable y un discurso coherente. ¡Bravo!

Además pienso que las crisis son oportunidades y la que atravesamos está obligando a muchos a reinventarse y descubrir fortalezas que desconocían. ¡Eso es bueno!

Dentro de mi visión optimista, quiero pensar, que esta Venezuela va a cambiar, y que muchos de los que hoy no están, regresarán con mayor experiencia, aprendizaje y conocimientos para hacer de este un mejor país.
Para los que ya pusieron los dos pies en otra nación, sólo les pido que desde ese espacio que ocupan y conquisten tengan presente siempre a su país y busquen de alguna manera retornarle lo mucho que les dio, con la enorme emoción de ser Venezolanos.

¡Hasta la próxima semana!