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María del Carmen: la niña venezolana que tiene 6 años y pesa 6 kilos


María del Carmen tiene 6 años y pesa 6 kilos. En su casa comer ya no es un hábito. Pasan hambre y se les nota. Tiene el cuerpo menudo y poca piel le cubre los huesitos. Solo la cargan su abuela y su tía, porque a los demás familiares “les da miedo partirla”.

La última vez que pesaron a la niña fue en diciembre. Sus familiares dicen que en noviembre pesaba 10 kilos, pero ya no, ahora está en seis porque tiene una desnutrición severa.

Su madre la abandonó en casa de su abuela junto con sus cuatro hermanos que son dos niñas de 8 y 5 y dos niños de 4 y 2 años. María del Carmen es la segunda de este grupo.

Katiuska Chourio es tía de la mamá de la niña y cuenta que un día la mujer se llevó a sus cinco hijos y fue cuando María del Carmen se enfermó y la llevaron al Hospital Chiquinquirá en Maracaibo. Estuvo un mes hospitalizada en el cuarto piso de este centro de salud donde atienden los casos de desnutrición y allí le dio meningitis.

“Después de eso nos trajo a los cinco muchachos, los dejó aquí y se fue a vivir a Colombia con otro hombre”, contó la tía. La abuela, Zoraya Fuenmayor está igual de delgada, no recuerda su edad y dicen sus familiares que el hambre “le afecta el cerebro”.

“A María del Carmen no tenemos cómo darle tetero. El kilo de azúcar cuesta 100,000 bolívares (menos de un dólar) y la crema de arroz está por las nubes. Nos ayudan dos fundaciones, pero ahorita no nos pueden dar porque no les están donando nada”.

De acuerdo con la tabla de la Organización Mundial de la Salud, un niño de 6 años debe pesar 19.91 kilos, más de tres veces lo que pesa María del Carmen.

En la casa de la niña que tiene tres cuartos, dos camas, una hamaca y un corral para María del Carmen viven 21 personas. Once son niños y adolescentes y 10 adultos.

El techo es de lata y tienes huecos tan grandes que cuando llueve se inunda. Solo hay un televisor de 14 pulgadas que no funciona bien y no hay ventiladores. Tampoco tienen nevera. Este punto es de los más duros después del hambre, porque la temperatura es de 38 grados centígrados, con sensación de 45.

La casa no está en una zona rural, sino urbanizada de la ciudad de Maracaibo, en el estado Zulia, el segundo más importante del país.
Pero no solo María del Carmen pasa hambre, también lo hacen los demás miembros de la familia. Comen un día sí y uno no y el día que comen solo lo hacen una vez.

Tres hermanos de la niña van al colegio, “pero desde que comenzaron las clases no los hemos enviado porque no tenemos como darles merienda ni comida”.

Katiuska Chourio, la tía, tiene 40 años y es ingeniera en petróleo, se graduó por una beca que le otorgó el gobierno regional hace 10 años, pero nunca ejerció. “Yo soy la que me tengo que encargar de los niños y de la casa. También de mi mamá que tiene 79 años y es una anciana que tiene Parkinson, glaucoma y reumatismo severo”.

De los 10 adultos que viven en la casa solo dos trabajan, uno como albañil y el otro como zapatero. “Ahora estamos más apurados, porque estos dos meses que no trabaja el zapatero, no nos puede ayudar. A mi hermano le salió un trabajito y con eso más o menos es que le estamos comprando los alimentos a María del Carmen”, dijo Katiuska.

Tienen tres días que solo comen yuca una vez al día. “Compramos dos kilos por 35,000 bolívares”. A los pedazos de los niños le ponen un poco de mantequilla, “pero no es mucho porque compramos la mantequilla en vasitos de los pequeños”, de los que solo traen 85 gramos.

En las promesas del gobierno de Venezuela ya no creen, de hecho, hace seis meses no les llega la caja del CLAP y el día de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, en julio del año pasado, les dieron una tickera de 500,000 bolívares con los que compraron comida para dos días. “Allí fue cuando volvimos a comer, después de años, alitas de pollo”.
Cuando pueden compran plátanos y el agua en donde los cocinan se la dan a María del Carmen como tetero. “A veces le doy puré de auyama (calabaza) si alguien nos hace la caridad de regalarnos un pedacito, o le intento hacer puré de yuca”.

A media cuadra de la casa de María del Carmen saquearon dos camiones de dulces, pero ese día ellos se negaron a participar de esa situación. “Robar no es la solución, pero la gente lo hace por hambre”.


POR SHEYLA G. URDANETA-Especial / el Nuevo Herald