Rescatemos la República de Venezuela acabando con la República Bolivariana | Por Daniel Lara Farías - Venezuela..Libre

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Rescatemos la República de Venezuela acabando con la República Bolivariana | Por Daniel Lara Farías


 Rescatemos la República de Venezuela acabando con la República Bolivariana | Por Daniel Lara Farías


Nunca he caído en el chantaje ridículo del “y tu qué proponismo” de la Falsa Oposición. Principalmente, porque ningún dirigente de ese conjunto de delincuentes de cuello blanco, amarillo, naranja, azul o multicolor, tiene moral para pedirle explicaciones válidas a nadie. Mucho más, cuando se le exige al ciudadano que le diga al dirigente lo que se debe hacer, pero al recibir alguna propuesta, se le tacha como proveniente de “analfabetas políticos”, “antipolíticos” o quien sabe qué.

Pero mi preocupación en este momento es de ciudadano, no de dirigente, pues soy lo primero y no lo segundo. Siento que la hora de superar a esa dirigencia falsa le ha llegado a la ciudadanía, que puede en este momento torcerle el brazo a los traficantes de esperanzas, puestos ya al desnudo ante la opinión pública nacional y, más importante aún, ante la opinión pública internacional, harta de las excusas ridículas de los obvios colaborantes de marras.

No tengo que decirle a nadie qué hacer. Siento que, más bien, debo explicar qué hago yo, en función de la desgracia que se vive en el país, para intentar desde la idea superar la imposición de criterios que, de arrancada, me agreden como ciudadano y como demócrata. Obviamente, la primera forma de resistencia al régimen criminal chavista, es pensar.

II

Soy ciudadano, creo en la libertad y en la democracia. Asumo la República como la forma de organización del Estado más conveniente para Venezuela, tal y como se ha asumido desde 1811. Partiendo de allí, quiero vivir en una República donde se garantice la libertad y la democracia, donde tres poderes públicos independientes representen a los ciudadanos y ordenen la actividad de la sociedad conforme a leyes hechas en función de sus intereses y necesidades, consensuadas y cometidas al arbitrio de las urnas electorales. Para eso, no puede existir un sistema electoral fraudulento ni un sistema de partidos negado de plano a la constante renovación en un país de población que crece hacia arriba y hacia los lados, con una juventud conectada con el mundo y una dirigencia desconectada del crecimiento de la sociedad.

La República Bolivariana de Venezuela no garantiza nada de eso. Muy por el contrario, aniquila cualquier posibilidad de ejercer ciudadanía. En la República Bolivariana no hay ciudadanos sino rehenes, pues la República Bolivariana no es otra cosa que el edulcorado nombre que la casta criminal le ha otorgado a la guarida, a la madriguera, al retén dentro del cual han confinado a la Nación. La Constitución que forjaron a la medida del encierro en 1999 y que modificaron de distintas maneras a lo largo de estos años, no es otra cosa que la cadena que amarra a la República, a la verdadera República. Y obviamente, cualquier “salida” que se busque invocando esa constitución, no solo no es salida, sino que esconde queriendo o sin querer un peligroso síntoma del Síndrome de Estocolmo. Invocar de cualquier manera esa constitución , por más que se busque la rebelión de la que habla el artículo 350 o 333 o el que sea, no es más que un llamado a seguir siendo esclavo. Pedir la aplicación a cabalidad de la Constitución del 99, es rogar que se mantenga la esclavitud, la servidumbre, el secuestro.

Empecemos por ahí: esa Constitución no garantiza nuestra libertad. No podemos seguir invocándola para liberarnos.

III

Luego de eso, vuelve sin duda la pregunta “Entonces ¿qué hacemos?”. Lo primero, es revisar con humildad lo que han dicho desde 1999 personas que avizoraron el desastre. La voz de Jorge Olavarría, quien denunció desde el primer momento, desde las entrañas de la Comisión Constituyente donde lo invitó Chávez a participar, el atropello a la República. Revisar lo dicho, expuesto y propuesto por Agustín Blanco Muñoz, dedicado por 50 años a revisar la historia de la violencia política nacional y quien advirtió, desde temprano, por donde iban y a qué iban los criminales. Revisar las advertencias hechas por Alberto Garrido en su revisión del chavismo. Entender los plantemientos hechos por Aura Palermo, en su análisis de entorno que permite revisar que, sin duda, la marcha hacia el Estado Comunal está planteada por via constitucional desde que arrancó el proyecto de dominación total de la Nación.

Después de revisar a los anteriormente citados, queda claro que no es lícito usar la Constitución del 99 para la lucha por la libertad, pues esa constitución es la cadena que amarra a la Nación. Y lo es desde el principio, desde que se impuso un proceso constituyente para arrasar con las instituciones establecidas en la vigente Constitución de la República de Venezuela de 1961, sin tomar en cuenta los mecanismos de reforma que la misma planteada. Al pasar por encima del marco constitucional de 1961 para imponer la disolución republicana que significó el proceso constituyente de 1999, está activada la previsión que establece el artículo 250 de la constitución de 1961:

“Artículo 250.- Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia. Serán juzgados según esta misma Constitución y las leyes expedidas en conformidad con ella, los que aparecieren responsables de los hechos señalados en la primera parte del inciso anterior y así como los principales funcionarios de los gobiernos que se organicen subsecuentemente, si no han contribuido a restablecer el imperio de esta Constitución. El Congreso podrá decretar, mediante acuerdo aprobado por la mayoría absoluta de sus miembros, la incautación de todo o parte de los bienes de esas mismas personas y de quienes se hayan enriquecido ilícitamente al amparo de la usurpación, para resarcir a la República de los perjuicios que se le hayan causado.”



¿Qué pasa si aceptamos eso? ¿Qué pasa si entendemos que el proceso que impuso la Constituyente de 1999 es nulo e írrito en origen y consecuencias? Pues sencillo: el punto de partida para el rescate, restablecimiento y reconstitución de la República, es declarar vigente la constitución de 1961. la ciudadanía organizada tiene suficiente autoridad para hacerlo. Los ciudadanos civiles o de armas tienen el deber de hacerlo. Tenemos el deber de explicarlo, además a la comunidad internacional.

Y tenemos allí, el punto de partida de cualquier acción de facto y de iure que libere a la Nación del yugo comunista.



IV

Una clase política genuinamente opositora, debe abominar de toda defensa, uso o invocación de la constitución de 1999. Cualquier construcción de alternativas y de salidas, pasa por ese detalle. Lavar el pecado original, el delito primario del chavismo que fue aplaudido por buena parte de una sociedad irresponsable en 1999, es la tarea principal. Entender que la restitución de la República parte del artículo 250 de la constitución del 61 y no del 350 de la constitución del 99 es fundamental. No hay nada que invocar de la “constitución bolivariana”, que no es carta de derechos sino imposición de esclavitud.

Una clase política genuinamente opositora debe armar, a partir de allí, un plan de acción, una hoja de ruta para la liberación. ¿Cuál es el objetivo de la acción? La libertad y el restablecimiento de la República. ¿Cómo lo hacemos? Imponiendo el cumplimiento de la constitución del 61, esto es:

1.-Al desplazar al régimen del poder, instaurar una Junta de Gobierno que se declare amparada por el artículo 250 de la Constitución del 61.

2.-Esa Junta debe convocar la realización de elecciones de Presidente, Congreso Bicameral, Gobernadores, Asambleas Legislativas, Alcaldes, Consejos Municipales y Juntas Parroquiales.

3.-La Junta deberá, además, nombrar con carácter provisional a las cabezas del órgano electoral que establece la constitución del 61, es decir, el Consejo Supremo Electoral, convocar a los últimos magistrados de la Corte Suprema de Justicia nombrados de forma legítima antes del 99 e impedir de cualquier manera que los reos de rebelión contra las instituciones legítimas del 61 participen en la restitución de la República, mientras no respondan por sus acciones ante los tribunales.

Lo demás, que es bastante, le corresponderá al gobierno legítimo que surja de las elecciones que deberán realizarse en un lapso no mayor de tres meses. Es obvio que hay mucho por hacer. Pero lo principal es restablecer la República y abominar de cualquier forma de vulneración de lo establecido en la Constitución del 61.

El objetivo, a partir de ese momento, será evitar a toda costa que Venezuela vuelva a ser rehén de una casta criminal. Para eso, hay que partir de lo obvio: del respeto a la ley, empezando por la constitución vigente que es aún hoy la Constitución del 61.

La alternativa a la esclavitud es la libertad. Propongo entender eso primero y actuar en consecuencia después.


Por: Daniel Lara
Fuente: lacabilla.com