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A lo “Falcón” Crest


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“Se solicita candidato de buena presencia, pocos escrúpulos, muchas ambiciones, preferiblemente con un poquito de maquinaria propia, capaz de asumir el criticado rol de contrincante opositor en unas elecciones ilegítimamente convocadas, en las que, aun sin celebrarse, podrían conocerse desde ya los resultados. Garantizamos excelente remuneración, viáticos y viajecitos pagados para toda la familia a los pocos países que no hayan emitido sanciones contra funcionarios venezolanos. Abstenerse los eternos aspirantes a candidatos presidenciales”.


Y así, luego de leer el avisito clasificado –publicado en un periódico del interior del país por el G2 cubano, el aspirante a candidato preparó su flux marrón, escondió su gorra del PSUV y le pidió a su equipo de trabajo que quemaran todos los archivos, videos o recortes de prensa en los que apareciera declarando que “su corazón latía al ritmo del chavismo” o en los que juraba que “jamás sería un candidato opositor”. Salvado ese primer escollo, cogió rumbo al CNE, donde Tibisay lo saludó con un fuerte abrazo, agradeciéndole el noble gesto de presentarse como contrincante de Nicolás; porque, de esa manera, la farsa electoral –ahora postergada para la segunda quincena de mayo– sería más “tramparente” y tendría “un poquititico” de credibilidad.


El contrincante sabe que el trabajo no es fácil. Pero, igual lo aceptó. Si en algún momento analizó las ventajas y desventajas de su participación, sin duda, los beneficios tienen que haber superado por mucho las consecuencias de lanzarse como candidato opositor. ¡Qué importa si hace poco –en los recientes comicios regionales– no resultó favorecido con los votos para asumir de nuevo la gobernación! ¡Qué importa si su honestidad está en entredicho! ¡Qué importa que lo vinculen con el partido de gobierno si, total, en una jugada maestra de los asesores del régimen, Somos Venezuela es el que postula a Nicolás! El punto es que, para autenticar estas ilegítimas elecciones presidenciales se requieren candidatos que le hagan contrapeso al aspirante a reelección. Se necesitan más candidatos de la oposición; pero no precisamente como el pastor religioso que se postuló, porque con el historial que trae a cuestas enturbiaría aún más las elecciones, elecciones que, desde su convocatoria, están la margen de la legalidad.

Sin embargo, como nuestro país se ha vuelto el lugar donde lo inverosímil se hace realidad, ¿quién nos asegura que esta candidatura no es otro ardid ideado por el mismo desgobierno, en conchupancia con el contrincante, concebido como la jugada maestra para “entregarle” el mando a un caimán de su mismo pozo, calmar los ánimos internacionales, bajarle el tono a las sanciones, salvar a algunos funcionarios que ya tienen hasta la celda asignada; pero, seguir gobernando a través de un títere que nunca ocultó su admiración por el comandante, a quien en más de un discurso, incluso en el timbre de voz, imitó? Es el escenario donde esta nueva versión de Arias Cárdenas saldría victorioso, pero para salvar a sus compañeros de ideales y luchas. ¿Imposible? No, imposible no es. Si no, pregúntenle a Tibisay si, con una tendencia irreversible y haciendo uso de todo lo que ha aprendido en el transcurso de los varios comicios que le ha tocado preparar, el contrincante podría ser electo el próximo presidente de Venezuela para tranquilidad de un Nicolás que, por un tiempito, se mantendría en la sombra mientras se calman los ánimos, tanto nacionales como internacionales.


Así que vamos a prepararnos porque, de cara a las elecciones –repito, ahora postergadas para mayo– lo que viene es show. Mucho show y exceso de actuación. El remake de una obra que ya presenciamos en 2000. Serán los días en los que el contrincante escogerá y anunciará el nombre de su jefe de campaña –tal vez, incluso, esté evaluando devolverle el favor a quien, en su misma posición, le otorgó a él el honor de conducir su campaña. Habrá dos o tres debates televisados entre el principal contrincante y el aspirante a reelección. Se dirán insultos ensayados. Se acalorarán y vociferarán en un intento por convencer a los pocos electores dispuestos a participar. El contrincante recitará su plan de gobierno, el programa para sus primeros 100 días como presidente, su estrategia para sanear al país que en nada se diferenciará de la que hemos oído de boca de otros candidatos. Exigirá con vehemencia algunas condiciones para que se realicen las elecciones y quizá hasta amenace con retirarse de la contienda si no se las garantizan. Pero, al final, cuando se apaguen las luces y las cámaras, el contrincante y Nicolás se estrecharán las manos, y muy emocionados se felicitarán por el gran espectáculo que acaban de ofrecer y con el que aspiran a mostrar el gran espíritu democrático que tiene esta dictadura.

José Domingo Blanco
Instagram: mingoblancotv
Fuente: el-nacional.com