Mike Pompeo y la intervención humanitaria | Por Antonio Sánchez García - Venezuela..Libre

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Mike Pompeo y la intervención humanitaria | Por Antonio Sánchez García


Mike Pompeo y la intervención humanitaria | Por Antonio Sánchez García


Sería precipitado sostener que la salida de Rex Tillerson al frente de la política exterior estadounidense acerca en lo inmediato las posibilidades de un endurecimiento en la política de Donald Trump hacia la dictadura reinante en Venezuela, pero si la presencia de Mike Pompeo, el hombre de línea dura más próximo al presidente de los Estados Unidos, podría tener alguna repercusión sobre el tema más sensible de América Latina, sin duda el cambio del ex jefe de la ExxonMobil por el último jefe de la CIA sería una manifestación más que evidente en tal sentido.

Por el momento, todos los comentaristas de la política exterior norteamericana apuntan hacia el endurecimiento de la línea hacia el Medio Oriente, Israel, Irán y Rusia. Sobre todo en los temas de sensibles diferencias entre Trump y Tillerson: las divergencias – comentan los observadores – se volvieron pesadas en dos temas centrales: la manutención del acuerdo con Irán sobre política nuclear y la decisión de Washington de retirarse del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Dichas diferencias se hicieron públicas y notorias. Pero tampoco es de subestimar la perfecta concordancia entre Trump y Pompeo en la materia que constituye posiblemente el mayor dolor de cabeza para la política de seguridad de los Estados Unidos en el hemisferio: el agravamiento de los peligros reales que entraña la dictadura venezolana para el gigante del Norte.

El ex embajador de los Estados Unidos en Panamá, John Feeley, lo advirtió al señalar que “Tillerson estuvo ausente al volante de Venezuela”, agregando que se esperaba el reforzamiento de la política del Departamento de Estado en temas los más sensibles de nuestra región, como Venezuela, el Tratado de Libre Comercio y la política inmigratoria, especialmente frente a México. Pompeo llega precedido de un antecedente que debiera causar honda preocupación en los círculos dirigentes de la dictadura venezolana: los informes de la CIA dirigida por Pompeo fueron la base de las sanciones acordadas contra las más importantes figuras del gobierno de Nicolás Maduro. Como director de la CIA, Pompeo afirmó durante una conferencia sostenida en enero que los servicios de espionaje estuvieron detrás de algunas de las sanciones adoptadas durante los últimos meses contra el régimen de Nicolás Maduro. “La segunda o tercera batería de sanciones obedecía a nuestras recomendaciones”, dijo Pompeo en esa ocasión.

Cabe preguntarse si la llegada de Mike Pompeo supone más que las simples averiguaciones sobre los sentimientos de las cancillerías suramericanas frente a una eventual intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, adelantadas por Tillerson sin obtener otros resultados que el diplomático distanciamiento de sus pares tras la habitual parsimonia de la no intervención en nuestros asuntos internos. Pero la situación comienza a cambiar en la región. Al frente de la cancillería chilena ya no se encuentra un socialista moderado que se movía en la equidistancia favorable al chavismo de un José Miguel Insulza, como Heraldo Muñoz, sino un intelectual de centro derecha, cercano a Sebastian Piñera, Roberto Ampuero, que se diera a conocer, más que con sus novelas, con un estremecedor reportaje del papel jugado por Cuba en la grave alteración de la política chilena por los cubanos durante el gobierno de Salvador Allende, llamado "Los años verde oliva". Un ex militante del Partido Comunista chileno que pasara los primeros años de su exilio durante la dictadura de Augusto Pinochet en Cuba y la República Democrática Alemana, conocedor directo y en profundidad, por lo tanto, del marxismo leninismo y perfectamente consciente e informado sobre las nunca postergadas pretensiones injerencista e imperiales del castro comunismo en la región. Hoy centradas en Venezuela y Colombia, con un inmenso despliegue de tropas, funcionarios y agentes de seguridad, si bien con la vista puesta en Ecuador y Bolivia. Siempre en la perspectiva de cumplir con el sueño castrista de conquistar América Latina y convertirla en foco del enfrentamiento mundial contra los Estados Unidos. En una peligrosísima alianza con el terrorismo islámico, China, Irán y Rusia.

Pues Venezuela ha dejado de constituir un problema regional para convertirse en un problema mundial. Es del perfecto conocimiento de la CIA que dirigiera Mike Pompeo hasta hace unos días, que bajo el gobierno de Nicolás Maduro el territorio venezolano se ha convertido en la cabecera de playa de la invasión de la región y el hemisferio por Rusia, China y el Estado Islámico. De modo que cabe pensar que para el nuevo titular de las relaciones exteriores de los Estados Unidos los tres punto nodales de la política exterior de los Estados Unidos son Corea del Norte, Israel y Venezuela. Con el agravante que Venezuela se encuentra a un tiro de misil de las costas norteamericanas.

Es el protagonismo que ha adquirido la exigencia de los sectores más conscientes de la oposición venezolana por la necesidad de una urgente intervención humanitaria. Nada más alejado y contrario a la resolución de nuestros graves problemas de sobrevivencia, que poner esperanzas en un parapeto que nació muerto, como el llamado Frente Amplio. Y jugar a confundir a las mayorías sobre la inmensa gravedad de la situación con una candidatura que comparte con dicho frente la agonía de su parto. Ni el Frente ni Falcón nacen con vida. Son fetos muertos.


Fuente: Lacabilla.com