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Venezuela replica técnicas milenarias chinas de tortura contra opositores


Venezuela replica técnicas milenarias chinas de tortura contra opositores


Infames son las historias de cómo el régimen comunista chino ha hecho de la tortura una de sus principales herramientas para mantener el poder y Maduro también lo ha hecho en Venezuela

China no sólo es uno de los socios más importantes que tiene el régimen de Nicolás Maduro, sino que es posible que sea su tutor en materia de tortura. A pesar de su prohibición internacional en 1948, esta sigue siendo una práctica generalizada China y ahora en Venezuela. En el caso del primero, su sistema judicial se basa todavía en gran medida en las confesiones forzadas, obtenidas generalmente por la tortura. Suele realizarse en centros de detención específicos o instalaciones del gobierno no oficiales. Todo desde el más absoluto secreto.

Numerosos medios internacionales han destapado estos métodos de castigo actuales, consiguiendo además declaraciones de algunas víctimas implicadas. La mayoría de ellas son figuras que defienden en su país los derechos humanos. Aunque también existen detenidos acusados de corrupción, adeptos a la disciplina espiritual de Falun Gong o sospechosos de separatismo. Descargas eléctricas, golpes, agresiones sexuales o el aislamiento son algunas de las técnicas más utilizadas hoy en día por el régimen chino. Por su parte, el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela no se queda atrás y de hecho, según reportes de distintos organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales, no sólo utiliza métodos similares sino que lo hace de forma más sistemática.

Descargas eléctricas, palizas con barras de metal, asfixia con gases químicos, quemaduras, amenazas de violación… Así se reprime a los activistas opositores en Venezuela según documentó la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). Para finales de 2017, la ONU había detallado múltiples abusos y violaciones de los derechos humanos a manos de las fuerzas de seguridad de Venezuela y los colectivos paramilitares bolivarianos contra los disidentes y manifestantes. Sus conclusiones revelan “una política destinada a reprimir el disenso político e infundir temor en la población a fin de frenar las manifestaciones”.

CHINA Y SU OBSESIÓN POR EL PODER

Para aquellos que no lo sepan, Falun Dafa no es una doctrina política, ni una teoría económica, ni un movimiento militante de protesta. Falun Dafa, también conocido como Falun Gong, es una disciplina milenaria china de la Escuela Buda para cultivar y refinar cuerpo, mente y espíritu, basados en tres principios universales que son la verdad, la benevolencia y la tolerancia, permitiendo a los practicantes mejorarse como personas. A su vez, esta disciplina incluye un estilo de vida absolutamente sano, donde se practican ciertos ejercicios suaves de meditación, no se consume alcohol, ni drogas y tampoco se fuma.

En sus más de ochenta años de historia, el Partido Comunista Chino no ha hecho más que atormentar al pueblo chino con mentiras, guerras, hambrunas, tiranía, masacre, terror y comunismo. China tiene 5000 años de cultura espiritual, pero desde hace más de 60 años es regida por la dictadura del PCCh, que destruyó esa cultura milenaria e impuso violentamente el ateísmo. En este marco de vacío espiritual se difundió Falun Dafa desde 1992, reviviendo la cultura tradicional perdida con sus profundas enseñanzas, y por sus beneficios en la salud física y mental, atrajo a más de 100 millones de practicantes en China.

En esta persecución, el Partido Comunista Chino utiliza los métodos más perversos conocidos por el hombre: lavados de cerebro, trabajo esclavo en campos de trabajo forzado, torturas extremas como golpizas, descargas con bastones eléctricos, violaciones sexuales en masa y privación de alimentos, y la sustracción de órganos a practicantes vivos. Todo esto en aquella “hermosa China” a la que tantos políticos y empresarios viajan para hacer sus negocios.

Hoy y desde hace largas décadas, se está llevando a cabo un genocidio en China. Millones de practicantes de Falun Dafa en dicha nación están siendo asesinados por sus órganos, en tanto que la córnea la venden por US$ 30.000, un pulmón por US$ 150.000, el corazón por US$ 130.000, el hígado por US$ 100.000 y el riñón por US$ 60.000, todo esto según un informe realizado por un pequeño equipo de investigadores que documentaron en detalle el ecosistema de cientos de hospitales chinos y centros de trasplantes que han estado operando discretamente en China desde alrededor del año 2000. En conjunto estos centros tienen la capacidad de haber realizado entre 1,5 y 2,5 millones de trasplantes en los últimos 16 años, según el informe.

MADURO: TORTURA Y REPRESIÓN

No es nada que no esté ocurriendo en Venezuela. “Me echaron cloro y sal en la boca, me golpearon con palos y lanzaron gases lacrimógenos cerca de mi cara. Perdí el conocimiento”, cuenta una víctima que fue torturada durante las prostestas de 2014 en el país. Otro testimonio explica cómo unos guardias nacionales esposaron y suspendieron a un hombre de la tubería de un tanque de agua durante nueve horas con sólo la punta de los dedos de sus pies tocando el suelo. “Durante ese tiempo, recibió golpes, sin interrupción y no se le dio agua ni comida. Luego, los guardias lo esposaron a una ventana y lo golpearon toda la noche”, refleja el dossier. “La primera vez que vi a mi familia no me reconocieron porque tenía la cara hinchaday quemada por los químicos”, denuncia un joven detenido en Caracas tras participar de las protestas del 2017.

Todas estas violaciones se detallaron en un informe presentado ACNUDH a finales del 2018, en el cual se sumariza todo sobre las violaciones y abusos cometidos en Venezuela, en el contexto de las protestas entre el 1 de abril al 31 de julio. El informe fue elaborado por expertos basándose en 135 entrevistas realizadas a víctimas, familiares, testigos, representantes de ONG, abogados, periodistas, médicos y el Ministerio Público venezolano. Las entrevistas tuvieron que hacerse a distancia, en Panamá y Ginebra, ya que la ONU tiene denegado el acceso a Venezuela desde 2014.

Según la ONU, sus conclusiones “ponen de manifiesto una situación de los derechos humanos cada vez más crítica desde el comienzo de las protestas, en la que se observan cada vez más altos niveles de represión y tortura por parte de las fuerzas de seguridad nacionales”. A fecha del 31 de julio, el Ministerio Público investigaba la muerte de 124 personas en el contexto de las manifestaciones. De ellas, 46 fueron presuntamente obra de las fuerzas de seguridad y 27 de los grupos armados conocidos como colectivos. Otras 51 muertes continúan sin esclarecerse. Además, el ACNUDH contabilizamás de 5.000 detenidos (entre ellos 410 menores) durante el periodo estudiado, de los que 1.000 aún permanecían encarcelados a primeros de agosto. Y alerta de varios casos de desapariciones forzadas, evocando las palabras de madres buscando sin descanso a sus hijos.

Por su parte, el Centro de Estudios para América Latina (Casla), informó a finales de enero que remitió a la Corte Penal Internacional (CPI), ubicada en La Haya, Holanda, nuevas incidencias de torturas en Venezuela para ser sumadas a la denuncia que lleva ante el organismo internacional. Las nuevas denuncias suman 38 nuevas víctimas directas de las cuales 37 de ellas fueron torturadas durante los primeros días del año 2018.

El propósito de las nuevas incidencias es demostrar que, las torturas, crimen de lesa humanidad, no solo son sistemáticas, sino que se utilizan para obtener confesión o que las víctimas acusen a dirigentes de la oposición, a civiles o militares de acciones supuestamente subversivas. Por lo que se ha generado una nueva ola de represión, intimidación, desapariciones forzosas y acusaciones judiciales. Dentro de la cadena de mando de estas nuevas incidencias, se denunció al coronel del Ejército José Franco Quintero, quien trabaja como Director de Investigaciones Penales de la División General de Contra Inteligencia Militar, (DGCIM). Entre las torturas denunciadas se encuentran las asfixias con bolsas plásticas, aplicación de descargas eléctricas, colgamiento, golpes y patadas en todo el cuerpo, así como tortura sexual de desnudamiento y violación.


Fuente: Prensa Rumbo Libertad, Brasilia