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Analisis ND: Atentado o autoatentado, salió mal para sus perpetradores


Momento en el que se produce la explosión que culmina en la suspensión de la cadena de Nicolás Maduro en la avenida Bolívar



De lo sucedido en la avenida Bolívar ayer, durante el acto de Nicolás Maduro con funcionarios de la GNB, se han creado dos matrices de opinión: la primera, impulsada por el Gobierno, de que lo ocurrido fue un atentado, con dos drones cargados del explosivo C4, que fueron interceptados por la Casa Militar y tumbados, lo que provocó su detonación.


La segunda versión, impulsada desde el primer momento por voceros de la oposición (y por el natural escepticismo que sienten los venezolanos hacia todo lo que provenga del Gobierno), es que lo ocurrido es parte de una manipulación de la realidad hecha por el propio Gobierno de Maduro: una maniobra para victimizarse y ganar apoyo, o por lo menos, para desviar la atención de lo que parece la crisis terminal del Gobierno.

Por lo pronto, internacionalmente, el Gobierno ha recibido una oleada de solidaridad internacional, con notables excepciones: las de quienes lo conocen mejor o no tienen ceguera ideológica. El Gobierno ha recibido los habituales apoyos (Irán, China, Rusia, Siria, Bolivia), pero algunos hasta insospechados, como el de Ecuador, o el de España, que, sin embargo, explicita que “la salida es democrática, pacífica, institucional y negociada entre los venezolanos”. Esta última frase en itálicas marca una enorme diferencia de estilo entre las administraciones de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

Entre los países que no han mostrado su apoyo, destacan Colombia y Estados Unidos. La primera, por obvias razones, rechaza que se le involucre en algo tan grave como un intento de magnicidio, que puede constituir un casus belli (sin ir más lejos, un magnicidio desató la I Guerra Mundial). Estados Unidos, por su parte, ha sido el único país (por ahora) que se ha permitido dudar de la veracidad del atentado, señalando que “detrás de lo sucedido podría estar el propio régimen de Maduro”.

Las contradicciones

Un análisis del costo beneficio, sin embargo, y aún descontada la ola de solidaridad internacional, no muestra cómo podría salir ganancioso el régimen de Maduro de un autoatentado. Por supuesto, desviará la atención unos días sobre la dramática situación que padece el pueblo venezolano; y le permitirá reprimir a diestra y siniestra, especialmente en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, donde, por razones más que obvias, la situación no puede estar calmada.

Sin embargo, cualquiera podría pensar que el Gobierno tenía maneras menos onerosas de lograr semejantes objetivos, sobre todo porque el costo ha sido el inmenso hazmerreír de unos soldados de la Guardia Nacional desorientados y en desbandada ante el primer sonido de una explosión, o la imagen de gigantesca vulnerabilidad (y de patanería, y de cobardía) que produce un Nicolás Maduro recubierto de kevlar por su seguridad personal, mientras a su esposa, Cilia Flores, nadie le lanza ni un chaleco antibalas mientras permanece con su sonrisa de Monalisa en la tarima de la avenida Bolívar.

Los errores

Por otra parte, y si admitimos la versión oficial de que en efecto, intentaron matar a Maduro con dos drones con carga de C4, ¿cómo llegaron a la avenida Bolívar, sobre todo considerando que los drones están prohibidos en Venezuela desde 2016, salvo los oficiales?

atentado

El Gobierno señala que al tumbar esos drones, estalló la carga de C4; pero militares que hablaron en condición de anonimato con Noticiero Digital señalaron que una carga mínima de ese explosivo hubiera producido una deflagración a 60 metros a la redonda. Esos daños son inconsistentes con el supuesto dron que se estrelló en La Candelaria y que fue atribuido (según el Gobierno, entonces, erróneamente) al estallido de una bombona de gas. Según Efecto Cocuyo, además, el edificio donde esto sucedió no funciona con bombonas sino con gas directo. Para más, nadie ha mostrado videos del vuelo de algún dron, ni de ninguna pieza de un dron estrellado, en un país donde casi todas las personas tienen una cámara en sus teléfonos.

Además el C4 no explota porque le peguen un tiro, o porque caiga con un dron, ni con fuego. Hace falta una carga eléctrica muy específica para lograr su explosión. Esto también falló.

Capacidad operativa

Luego queda otra duda, esta atinente a los que se han reivindicado el atentado (Soldados de Franela): ¿tienen la capacidad operativa como para volar dos drones en la avenida Bolívar, cargados de C4, y aunque fuera en grado de frustración, generar el desastre de relaciones públicas que es para el Gobierno la imagen de sus centuriones en estampida? La respuesta inmediata parecería ser que no.

En resumidas cuentas, en este momento no hay razones para descartar que haya sido un autoatentado, pero tampoco razones para afirmar que sí lo fue. Lo que está claro es que, lo haya sido o no, ha puesto en evidencia la chambonería de sus ejecutantes y de sus supuestas víctimas, que huyeron despavoridas y mostraron algo en lo que sí tiene razón el comunicado de Soldados de Franela: muestra a un Gobierno extremadamente vulnerable.



Pedro García Otero
Fuente: Noticierodigital.com