Victor De Abreu: ¿Sucumbieron los venezolanos ante la opresión? - Venezuela..Libre

Breaking

Post Top Ad

Victor De Abreu: ¿Sucumbieron los venezolanos ante la opresión?


¿Sucumbieron los venezolanos ante la opresión?



“Muera la opresión, compatriotas fieles, la fuerza es la unión” reza la estrofa del himno nacional de Venezuela, escrito por Vicente Salias en 1810, que hoy parece un grito ahogado de buena parte de la sociedad venezolana. Caraota Investiga analiza los componentes que han llevado a la sociedad venezolana a ser sometida casi en su totalidad por las telarañas del poder político

La soledad de las calles, los comercios cerrados y las fallas crónicas en los servicios públicos son parte de los obstáculos diarios que deben sortear los venezolanos para poder sobrevivir, en un contexto cada vez más hostil y que limita el modus vivendi de la sociedad venezolana a solo cubrir sus necesidades básicas.

“Hasta cuándo vamos a seguir en esto”, “este país ya no lo aguanta nadie” o “algo tiene que pasar” son algunos de los lugares comunes que se dejan caer entre las conversaciones diarias en cafés, vagones del metro o en lugares públicos, un grito desesperado que clama por una solución a la crisis. Entre tanto, la mayor parte del país sigue su curso entre la desesperanza y las ganas de huir fuera de las fronteras.

El psicoanalista norteamericano Phillip Lichtemberg, autor del libro “Psicología de la opresión: Guía para terapeutas y activistas”, describe a grandes rasgos cómo los regímenes totalitarios avanzan en su objetivo de construir una sociedad oprimida, a partir de principios como la desigualdad, la división y, posteriormente, el sometimiento de grupos sociales a los designios del opresor.

Lichtenberg detalla que la fuente que alimenta el nacimiento de un régimen opresor es la desigualdad, que coloca a la mayoría de una población en situación de vulnerabilidad y que, a la postre, termina desconectándose de la vida política o depositando su confianza en una figura mesiánica, quien logra su cometido a partir de tres etapas.

La primera de ellas es la “espontaneidad natural”, donde “la persona más débil actúa natural y espontáneamente, acercándose a la persona más fuerte con expectativas de cambios felices y de mutuo beneficio”. En esta etapa, Lichtenberg explica que las personas cuentan con la fortaleza mental y emocional para sobrellevar una relación sana con el opresor, lo que para los expertos consultados por Caraota Investiga para este trabajo fue el caldo de cultivo que llevó al ascenso al poder de Hugo Chávez en 1998.

“Aquí había mucho resentimiento y ese discurso del resentimiento, lamentablemente, caló y se conectó con la búsqueda de un superhéroe. Esta sociedad siempre ha estado buscando un súper héroe que los salve”, apunta Meury Rivero, psicoanalista especializada en el tratamiento de padecimientos clínicos, quien detalla cómo situaciones vividas por los venezolanos a finales de los años 90 se convirtieron en el escenario ideal para creer en el discurso de una persona carismática.

“No dejemos de ver que el agresor tiene características psicopáticas, y si algo tiene un psicópata es que es muy seductor. Al principio tú lo ves muy ameno, no desconfías de él porque a nivel discursivo es muy encantador, te convence de lo que dice”, explica Rivero.

La segunda etapa de la opresión, para Lichtenberg, es denominada etapa de “Angustia traumática”, donde “la persona más fuerte le ha presentado a la más débil exigencias y acciones que discrepan con lo que esta esperaba”.

Es, para el autor, una etapa de “profunda angustia vivenciada, donde la más débil se siente incapaz de dominar la situación e impotente en una circunstancia segura. La angustia representa un mensaje emocional al individuo que la experimenta de que existe peligro para su integridad y su existencia”. En el caso venezolano, los especialistas apuntan a que los primeros síntomas de ello ocurrieron cuando una parte de la población comenzó a asumir el discurso del oficialismo y a justificar sus acciones.

“Cuando la persona repite su discurso, ya es un buen indicador de que ese opresor, ese psicópata, ya tiene control sobre la persona. Cuando ha logrado la credibilidad del otro. Y eso tú lo identificas cuando la otra persona ya habla tu discurso, te dice lo mismo”, detalla Meury Rivero.

La tercera etapa, en la que para Lichtenberg se consolida la opresión, llega cuando la angustia traumática es reemplazada por una suerte de identificación con el agresor, quien obliga al oprimido a “subordinarse como autómata a la voluntad del agresor, a adivinar cada uno de sus deseos y gratificarlos, olvidándose totalmente de sí mismos”.

“PARTE DEL DISCURSO DEL AGRESOR ES CULPABILIZARTE, HACERTE RESPONSABLE DE SUS ACCIONES. ES COMO EL MARIDO QUE LE PEGA A LA MUJER, O LA MUJER QUE MANIPULA A SU NOVIO. NO TE PEGO PORQUE SOY MALO, TE PEGO PORQUE TÚ ME PROVOCASTE. EN REALIDAD ES ESO, LO QUE TERMINA OCURRIENDO EN LA PSIQUIS DE UNA PERSONA ES QUE TERMINA HACIÉNDOSE RESPONSABLE DE UNA SERIE DE COSAS DE LAS QUE NO LO ES”, APUNTA RIVERO.

Pero existen quienes contrastan con la versión de estos autores. A juicio de la psicóloga Yorelis Acosta, quien ha trabajado por años la conflictividad social en Venezuela, la sociedad venezolana ha puesto serias resistencias a la consolidación de un modelo opresivo.

“La sociedad venezolana ha hecho muchas cosas, pacíficas y no pacíficas. Un día en Venezuela es casi una epopeya, que salgas y no tengas efectivo, no consigas transporte y aún así llegues a tu trabajo, cumplas con tus tareas, te lleves tu comida y regreses a casa. Somos casi unos héroes y no nos hemos dado cuenta, porque estos síntomas y la crisis que estamos viviendo nos tiene de manos atadas y con un grillete en el tobillo y eso, por supuesto, afecta nuestra movilidad, nuestras emociones y nuestra percepción de la realidad y del futuro”, enfatiza Acosta, quien apunta que las protestas en Venezuela, lejos de disminuir, van en aumento.

“Las protestas se fragmentaron, hay mayor número de protestas pero con menor número de personas. Si vemos los datos de conflictividad que manejan las ONG, vemos cómo en 2017 y 2018 han sido unos años muy convulsos, donde la gente está protestando por muchas cosas, pero en especial por el deterioro de su vida, de los servicios públicos y el tema del salario, El problema de Venezuela siempre ha sido articular las manifestaciones. En algún momento hemos tenido manifestaciones, algunas han salido bien, otras no han tenido efectividad y porque el Gobierno ha sido muy hábil en el manejo y represión de la protesta”, resalta la psicólogo social, al tiempo que destaca cómo la represión ha dejado heridas y aprendizajes en algunos sectores de la sociedad civil, quienes han decidido no asumir el costo de las protestas que dejaron experiencias como las de 2014 y 2017.

“Tenemos lo que nos merecemos” y “por eso estamos como estamos”

Un fenómeno en las conversaciones diarias entre los venezolanos y que se replica en las redes sociales tiene que ver con la búsqueda de culpables sobre la situación que vive el país, muchas veces culpándose entre sí. A través de las plataformas digitales, es común encontrar comentarios que apuntan al gentilicio nacional como el responsable de la crisis con frases como: “Tenemos el Gobierno que nos merecemos”, “lo peor de Venezuela son los venezolanos” o frases similares que buscan hacer catarsis sobre la crisis nacional.

“Definitivamente, nosotros estamos enfermos. En primer lugar, porque tenemos dos factores que nos quitan tranquilidad: el tema económico, con hiperinflación, falta de efectivo y falta de alimentos, algo suficiente como para afectarnos; y el tema social, que es la inseguridad y la tasa de homicidios tan alta, lo que ha cambiado nuestro comportamiento y nuestra conducta. Pero tenemos un tercer punto que es el tema político, y tiene que ver con la relación entre los ciudadanos y las estructuras de poder, específicamente gubernamentales, que también causan una gran angustia en los venezolanos”, detalla Acosta.

Otro segmento de la población, lejos de manifestarse, ha asumido las políticas estadales como el Carnet de la Patria o los CLAP como único mecanismo de supervivencia, lo que para Lichtenberg forma parte de la tercera etapa de la opresión, donde se fusionan los deseos de la persona abusada con el opresor. Para los especialistas consultados para este trabajo, estos comportamientos guardan estrecha relación con el fenómeno conocido como Síndrome de Estocolmo.

“La ira generada por la situación atemorizante, cuando se vuelve contra el yo, es sentida como culpa. Existe entonces, dentro de la persona abusada, una confusión fundamentada en los sentimientos de culpa”, apunta Lichtenberg.

Este psicoanalista explica que se trata de una identificación insana con el opresor, donde “la persona más débil pone en práctica los deseos proyectados del agresor, convirtiéndose en una herramienta en manos del agresor”, que carece de cualquier tipo de voluntad ni elección. Es lo que el psicoanalista alemán Hellmut Kaiser calificaría también como “modo sumiso”.

“Aquellos que han sido brutalizados por prácticas agresivas no solo aceptan ser dominados, sino que de cierta forma cooperan con esas prácticas que les hieren y causan dolor, llegando algunas veces incluso a admirar, defender, servir y estimular los intereses de sus opresores”, agrega Kaiser.

“EL TIRANO QUIERE QUE AQUELLOS A QUIENES TIRANIZA LE SEAN OBEDIENTES; PERO LA OBEDIENCIA EN SÍ MISMA NO LE SATISFACE POR COMPLETO. QUIENES LE OBEDECEN, NO DEBERÍAN SENTIRSE TENTADOS A DESOBEDECER, NO AL MENOS POR UN SENTIDO RACIONAL, PUES COMPARTEN CON EL TIRANO SUS PROPÓSITOS: ESTÁN MOTIVADOS POR LA PROMESA DE ALGUNA RECOMPENSA O POR LAS AMENAZAS DE UN CASTIGO. LOS SUMISOS DEBIERAN OBEDECER CIEGAMENTE COMO UN ROBOT SIN VOLUNTAD PROPIA. AL TIRANO LE INTERESA HACER EXIGENCIAS ARBITRARIAS Y POCO RAZONABLES, O QUE AL MENOS APAREZCAN ASÍ FRENTE A SUS SUJETOS, PARA ASEGURARSE DE ESTA MANERA QUE LA OBEDIENCIA QUE LE DEBEN NO ES ATRIBUIBLE NECESARIAMENTE A QUE ELLOS ESTÉN DE ACUERDO CON SUS PROPÓSITOS”.

Tanto Lichtenberg como los expertos concluyen que la solución contra la opresión pasa por una mayor participación democrática de los venezolanos y la construcción de tejidos sociales que busquen soluciones conjuntas a la situación opresiva a la que se encuentran sometidos.

“La clave para vencer la opresión está en el apoyo o soporte. Este apoyo debe ser distinto al que ofrecen líderes autoritarios; por lo tanto, ha de ser un apoyo democrático. Las formas de apoyo democrático permiten que las personas sigan actuando como agentes en sus interacciones sociales, sin exaltar ni sobrestimar los desafíos que estas deben enfrentar. Los procesos democráticos les permiten a los individuos reconocer y aceptar sus defectos y debilidades a medida que van descubriendo y utilizando su propio valer y la capacidad que poseen de influir en su medio”, apunta Linchtenberg.

Esta visión es consolidada por la psicoanalista Meury Rivero, quien destaca el trabajo que deben realizar los distintos sectores de la sociedad civil para educar y mantener las prácticas democráticas dentro de la población.

“DEBE HABER UN CAMBIO EN EL DISCURSO. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN TIENEN QUE HACER SU TRABAJO Y LA SOCIEDAD CIVIL ORGANIZARSE. ADEMÁS, TIENE QUE HABER CAMBIOS EN EL SISTEMA EDUCATIVO QUE PERMITA EL DESARROLLO DE UN PENSAMIENTO CRÍTICO Y DEMOCRÁTICO. TAMPOCO DEBEMOS DEJAR DE LADO LAS COMUNIDADES Y LOS GRUPOS FORMALIZADOS, COMO LAS ONG, QUE ESTÁN HACIENDO UN TRABAJO IMPORTANTÍSIMO Y DEBEN CONTINUAR CON ESE TRABAJO DE CONCIENCIACIÓN”

Yorelis Acosta agrega que la sociedad debe buscar válvulas de escape a la crisis, mediante el remplazo de las emociones negativas por las situaciones positivas.

“La crisis hace mucho daño económica y psicológicamente, porque tenemos muchos años de sufrimiento y de pérdida de calidad de vida. Eso es lo que estamos viendo: un agotamiento del ensayo de formas democráticas de protestas y del estado de ánimo.  Por eso debemos entender lo que está sucediendo, identificar cómo nos afecta la crisis a cada uno de nosotros, drenar esas emociones negativas, ver qué cosas están funcionando y qué no y agarrarnos de esas que están funcionando para tener más esperanza”, concluye Acosta.

En momentos donde el ánimo de los venezolanos decrece de manera inversa a la hiperinflación, tanto los autores que han estudiado la opresión como los expertos consultados para este trabajo coinciden en que la ruptura de la opresión tiene un punto en común: la recuperación del tejido social y las prácticas democráticas.



Por Víctor Manuel De Abreu
Fuente: Caraotadigital.net