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Suicidios en Venezuela, un síntoma de un país “enfermo”

Suicidios en Venezuela, un síntoma de un país “enfermo”


800 mil muertes a raíz del suicidio se producen al año, según las cifras que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2014. Una cada 40 segundos. Sí, como lo lee. Una cada 40 segundos aunque parezca increíble.

El 79 % de los suicidios ocurre, según Naciones Unidas, en países con ingresos medios y bajos lo que aporta ciertas “luces” sobre el tema.
En Venezuela, el salario mínimo ronda los 18 dólares (US$ 18) mensuales y puede desmoronarse hasta 10 dólares en las próximas semanas. A la angustia de qué se puede hacer con ese dinero, hay que sumarle los problemas que son diarios en la vida de un venezolano común: escasez de alimentos y medicinas, inseguridad, una pobre red sanitaria y una hiperinflación que puede cerrar el año entre un millón por ciento (según el FMI) hasta 44 millones por ciento (según cálculos del economista Ricardo Haussman).

Ante este dramático escenario el tema del suicidio sobrevuela en Venezuela, aunque lo hace de manera opaca por la falta de cifras oficiales. En el país no existen datos sobre esta enfermedad. Mucho menos planes para atender estos casos y evitar un aumento.

Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), la causa principal de los últimos casos de suicidio que se vienen dando desde 2017 es que las personas no logran llegar a fin de mes con los salarios que reciben.

En su informe de diciembre de 2017, el OVV confirma lo que para muchos es evidente: “en varias zonas del país se observa un incremento en el número de suicidios. Mérida sería el epicentro. Allí la tasa fue la más alta de los últimos 30 años, ocurren 19 por cada cien mil habitantes.” .

Para la psicóloga social del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Yorelys Acosta, la crisis “ha estimulado el aumento de los suicidios” en los últimos años. La investigadora, que indaga el auge de los suicidios en el país, advierte sobre los cambios emocionales que enfrentan los venezolanos desde 2015.

Acosta elaboró un “mapa emocional” a partir de una serie de encuestas a venezolanos de distintos estratos sociales. La tristeza se coloca como el primer sentimiento entre los sondeados. Seis puestos más abajo se encuentra la alegría.

Los resultados del estudio sepultan los índices de felicidad mundial en los que Venezuela aparecía en los primeros lugares. En 2013, los venezolanos ocuparon el puesto 19 y en cinco años, se desplomaron al puesto 102.

Acosta explica que la depresión, una enfermedad cuyo origen puede ser biológico o social, está atacando a los venezolanos desde varios ángulos. Este cuadro es complicado en un país donde faltan los medicamentos y se cierran los servicios psicológicos, tal es el caso de la unidad del Hospital Clínico Universitario de Caracas.

Dolor a golpe de tuit
A través de las redes sociales, se han conocido casos de suicidio de prominentes personas en los últimos meses. El de mayor impacto ha sido el del periodista Alejandro Cañizales. Un hecho que reveló cómo la depresión está haciendo mella entre muchos venezolanos.
El suceso del periodista hizo destapar un tema que es negado por algunas personas.

Específicamente en agosto de este año, al menos tres casos también se hicieron virales: el del comerciante carabobeño, Norberto Amaya, dueño del local “Las cuevas de Luis Candela”; el del pediatra Carlos Amundaray, del que sus conocidos aseguran que la muerte de neonatos fue el detonante para que el galeno tomara la decisión de quitarse la vida y el de Edgar Castellanos, tío de la periodista Laura Castellanos.

Laura fue la que dio a conocer la noticia en un emotivo tuit el 20 de agosto. “Nos afectó muchísimo porque no lo esperábamos. Siempre fue el más alegre de todos los tíos”, recuerda. “Era tierno, amoroso y nadie se imaginó nunca esto (suicidio)”, señala la periodista. Aunque tenia un tiempo alejada, rememora los aspectos positivos de su tío. Quizás más, a raíz de un hecho que confiesa, la “marcó y trastocó muchísimo”.

Edgar se suicidó un día antes del anuncio de las medidas económicas hechas por Nicolás Maduro, el 19 de agosto. Laura relata que toda la familia ya venía afectada por lo que se venía… Y vino. “Estábamos todos sensibles y tristes en la familia por la situación del país”.
“Nunca se supera. Nos hizo tomar decisiones. En mí, marcó un antes y un después”, cuenta Laura, quien como periodista, ha visto muchas muertes, según explica la propia profesional con más de 24 años de ejercicio, “pero siempre la veía como algo ajeno. Abstraerme de ella era como un mecanismo de defensa pero esta vez, me cacheteó y me tiró contra el piso”, confiesa.

Edgar era un profesor jubilado de educación física. Estaba casado y tenia una hija que vivía desde hace años en Chile. Hace poco, a ella le consiguieron un tumor y debían operarla, por lo que la esposa de Edgar decidió irse a Chile para acompañarla. Siempre hablaban con él. Siempre estaban en contacto. Dos días antes de que Edgar se suicidara, su esposa lo notó “raro” y le pidió a su hermana que lo fuera a ver.

La cuñada de Edgar confirmó las sospechas. Lo observó deprimido, extraño y lo invitó a que se quedara en su casa. En la mañana, Edgar se paró, se bañó y se vistió mientras su cuñada preparaba el desayuno. Un vecino de Edgar quien también estaba pendiente de él, llegó a visitarlo. Estando ellos en la cocina sintieron un portazo, a eso de las 7:00am, que coincidió con la llamada de la esposa de Edgar.

La cuñada de Edgar le comentó a su hermana que se lo llevaría a su casa. Mientras hablaban, ella lo fue a buscar pues tenía rato sin verlo. Su hermana le dijo que lo buscara en el balcón y cuando ésta llegó, efectivamente lo halló. Edgar se había suicidado.

A Laura le avisaron a las 8:00am. Recuerda “lo duro” del funeral pues su tía y su prima, esposa e hija de Edgar, su tío, tuvieron que verlo por FaceTime ya que no pudieron llegar a tiempo. De hecho, recuerda que hubo un momento de silencio en el que solo se escuchaba el llanto de ellas a través del teléfono. Llegaron al país una semana después.
La esposa y la hija de Edgar atribuyen el suicidio a la situación del país. Señalan que en un momento dado, Edgar comenzó a divagar y a decir que “Maduro nos persigue a todos. No hay escapatoria”.

“Entró en una crisis. No se qué nombre tendrá eso pero podemos dar fe de que era un tipo tranquilo, calmado. Sí estaba muy agobiado por la situación económica”, dice Laura.

Edgar, además, era diabético y parece que tenía un tiempo sin tomar sus medicamentos. No había dicho nada para no molestar a su familia.
Periodista al fin, a Laura le llamó la atención que cuando su papá fue a reconocerlo en la morgue había tres casos más de suicidio y el más joven era su tío, que tenía 65 años.

El concejal del municipio Chacao, Alfredo Jimeno, fue su alumno en el colegio San Antonio de La Florida. Jimeno lo recuerda con mucho cariño.

“Siempre estaba vestido con un mono vinotinto. Era súper dinámico y alegre, jugaba basquet con nosotros y siempre comenzaba sus clases diciéndonos que, de entrada, todos teníamos ‘sendos 05′. Usaba esa expresión para decirnos que si no llegábamos a tiempo o teníamos el uniforme bien, sacaríamos eso. Y tiempo después, así lo saludábamos, como ‘sendo 05′”.

Jimeno también confiesa que le sorprendió mucho la noticia.

Protegerse de la crisis
La psicóloga Yorelys Acosta advierte la necesidad de “protegerse de la crisis” ante un país que califica de “psicosocialmente enfermo”.

La especialista ofrece una serie de recomendaciones para blindar a la mente ante tanta zozobra e inestabilidad:
“Hay que dejar espacio para la tranquilidad. Analizar qué nos afecta y en qué medida; buscar relaciones positivas y generar que nos pasen cosas buenas”, sostiene Acosta quien resalta además, la importancia de mantener y cuidar los buenos hábitos como dormir y practicar alguna actividad física.

Ejemplos de países “psicosocialmente enfermos” son aquellos que han vivido guerras o conflictos prolongados como es el caso de Colombia.

Venezuela vive actualmente una “crisis múltiple”, de acuerdo a lo que refiere Acosta, que requiere ser atendida de inmediato pues de lo contrario puede tener efectos transgeneracionales. “Tenemos que reconocer que estamos afectados”.

Encienda las alarmas
El cambio de conducta abrupta; la negatividad; el cansancio y la falta de energía; un discurso donde predomina la queja; sentimientos predominantes de injusticia (“¿por qué a mí?”), desconcierto y perplejidad son señales que deben encender las alarmas. Más si la persona se niega a los ofrecimientos de ayuda y sobrepasa los dos meses así.

Ante este cuadro se debe buscar ayuda profesional. Para ello, están a la disposición los distintos colegios y escuelas de psicología del país.

Recuerde, el suicidio es prevenible.