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Por un gobierno de unidad nacional



Por un gobierno de unidad nacional



Tras un cuarto de siglo de extravío, la situación venezolana bien puede recibir el título de la hermosa novela de Hemingway: Sin novedad en el frente. Se enfrentan los mismos que se enfrentaron y seguramente los mismos que seguirán jugando al enfrentamiento, mientras en los trasfondos de la realidad los asaltantes reafirman sus posiciones y los asaltados se niegan a reconocer su irrecuperable debilidad, la verdadera tragedia que nos aflige. Siguen persiguiendo el diálogo con el tirano con el único resultado posible a esa tozuda estupidez: yendo de fracaso en fracaso.

El balance no puede ser más tétrico: bajo el liderazgo reciente de Juan Guaidó, Leopoldo López, VP y la Asamblea Nacional continuamos sin novedad en el frente. El tirano firmemente asentado en Miraflores, las fuerzas armadas férreamente controladas por el castro comunismo cubano, la llamada oposición consistentemente dividida y el país boqueando al borde del abismo.

Sin que se vislumbre un cambio en el fracasado comando opositor: las riendas opositoras seguirán en manos de quienes sembraron esta tragedia. Poco importa la fracción del socialismo criollo que las asuma luego de la eventual salida de Juan Guaidó en el 2020. Lo único cierto es que el interinato no podrá ser asumido por aquel a quien le correspondería, el vicepresidente de su directiva. Desaparecido como tragado por las voraces fauces de la tiranía sin que siquiera tengamos la certeza de que aún vive. ¿A quiénes sirve su desaparición? ¿Por qué callan? ¿Qué ominoso secreto guarda el espeluznante caso de la desaparición silenciosa de Edgar Zambrano?

Ya enfilados a cumplir seis meses – medio año – de la proclamación del joven diputado de VP por Vargas, se habrán realizado múltiples y muy exitosas manifestaciones populares, se habrá recibido el respaldo de medio centenar de democracias pero el resquebrajamiento de su popularidad ante el incumplimiento de sus promesas, el desencanto de las mayorías frente al espantoso deterioro de su situación económica y la visible y notable desconfianza de la comunidad internacional en Juan Guaidó y quienes dicen representar nuestros anhelos libertarios son absolutamente indiscutibles.

Decir sin novedad en el frente significa decir: seguimos tan empantanados como lo estábamos antes de la aplicación del artículo 233 constitucional.

El sector más lúcido, valeroso y consciente de la oposición, liderado por María Corina Machado, Antonio Ledezma y Diego Arria no logró imponer su propuesta a los partidos democráticos, a la Asamblea Nacional y a su presidente Juan Guaidó de recurrir a los dos más poderosos instrumentos de defensa integral, dada la naturaleza bélica del conflicto y el escalamiento de la guerra emprendida por el castro comunismo nacional e internacional contra nuestro Estado de Derecho: la invocación del artículo 187#11 y hacer valer ante la comunidad internacional la urgente necesidad de aplicarle a Venezuela el decreto aprobado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el año 2005, llamado Responsabilidad de Proteger, R2P.

En lugar de ello, dichos sectores, que controlan toda posibilidad de acción de la sociedad venezolana insistieron en aceptar la invitación de la tiranía y sus factores de apoyo – la Internacional Socialista, Cuba, Noruega, Rusia, China, Siria y la Unión Europea – a negociar en Oslo. Un acto suicida y condenado al fracaso, conscientes todos sus promotores de que ni Guaidó ni sus respaldos podían llegar a Oslo habiendo renunciado al primero de sus tres compromisos propuestos y asumidos por Juan Guaidó el 23 de enero pasado, condición sine qua non de que aceptáramos su nombramiento: fin de la usurpación, gobierno de transición y elecciones generales.

Un orden de prioridades absolutamente vinculante. Y en donde el término usurpación no es más que un subterfugio semántico para su único significado concluyente: fin de la tiranía.

Después de ver fracasados sus inicios, insisten Guaidó, Leopoldo López y sus asesores europeos en sentarse a la mesa con el tirano coqueteando con la idea de ir a la celebración de elecciones. Desconociendo absolutamente la voluntad popular y sin haber avanzado un solo paso hacia la salida de la tiranía, aunque con el virulento respaldo de un aparato mediático carente de la más elemental moral y claridad estratégica.

Con el grave costo de una creciente desconfianza de algunos aliados internacionales de primera importancia, como el Brasil de Jair Bolsonaro y, desde luego, los Estados Unidos de Donald Trump. Que condicionaran su apoyo al joven diputado siempre y cuando bajo la condición de una ruptura total con el régimen, el rechazo frontal a cualquier acuerdo con la tiranía y la decisión de agotar los esfuerzos de toda índole por salir de ella. Incluso la intervención extranjera.

Es un balance que deja mucho de desear. Ante la evidente inexperiencia y torpeza del presidente interino, el chantaje unitario del G4 y las arbitrarias e injustas descalificaciones de sus comunicadores hacia quienes hacen ver los crasos errores del presidente interino (véase ABC.es Ramón Pérez-Maura – El error de Guaidó. Noruega ha hecho un negocio de promover la paz a cualquier precio aunque pueda ser una paz amoral) discutir los problemas que enfrentamos e implementar cambios de dirección al frente de nuestra oposición se convierte en una urgente necesidad de acción.

Al respecto, insistimos en nuestra proposición: desburocratizar y despartidizar la dirección de la política opositora e incorporar a la mayor brevedad posible a los dinstintos factores que disfrutan de la mayor credibilidad y confianza en nuestra sociedad. Conformar un Gobierno de Unidad Nacional. Destrabar el juego y entregarle la resolución del conflicto a nuestros más capacitados líderes: no hay otro camino.



@sangarccs
Fuente: Noticierodigital.com