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EDITORIAL: El PanAm Post y la oposición venezolana



EDITORIAL: El PanAm Post y la oposición venezolana

Fundamos el PanAm Post no como un negocio. Lo hicimos por vocación. (PanAm Post)



Seguiremos siendo implacables con quienes intentan esconder actos indebidos o quienes se escudan detrás del poder

Hace 6 años fundamos el PanAm Post con el objetivo de contrarrestar la cobertura mediática —siempre de izquierda— sobre América Latina que hacían los grandes medios anglosajones.

Con ese propósito en mente, la publicación fue inicialmente solo en inglés. Buscábamos hacerle ver al lector angloparlante que Lula da Silva no era el gran demócrata que pintaban las agencias, sino un socialista que llevaba al Brasil por mal camino y que se aprovechaba de las reformas hechas por su predecesor, Fernando Henrique Cardoso. Intentábamos que el mundo supiera de la enorme corrupción y mediocridad de Cristina Kirchner y, lo más importante, intentábamos educar a esa audiencia sobre el hecho que en Venezuela se había implantado una dictadura.

Al poco tiempo nos percatamos de que los latinoamericanos, en nuestro propio idioma, estamos tan engañados sobre lo que sucede en la región como los lectores de habla inglesa. Cuando un chileno lee sobre Venezuela o un mexicano sobre Argentina, la fuente de la noticia es una nota escrita por algún marxista, difundida por el servicio cablegráfico del New York Times o de AP.

Por esa razón agregamos un sitio en castellano. Pronto nos dimos cuenta que habíamos conseguido un nicho. Los hispanoamericanos estábamos ávidos por leer sobre nuestra propia región, de forma objetiva y veraz, sin el contenido subliminal socialista que se ha hecho estándar en las agencias cablegráficas. Al poco tiempo el sitio en español sobrepasó con creces en número de lectores al sitio en inglés.

Hoy continuamos con los dos sitios. El de inglés con un contenido muy seleccionado para un público especializado y el sitio en español con mayor contenido, siempre concentrado en noticias, opinión y la defensa de los principios liberales y la economía de mercado.

Hemos logrado un gran éxito. Contamos con un promedio de lectores que oscila entre 1.0 y 1.3 millones mensuales. Considerando que no publicamos temas sobre celebridades, ni notas sobre el último extraordinario bikini de Jennifer Aniston o Kendall Jenner, ni cubrimos deportes o sucesos, nuestros números son extraordinarios para una publicación en castellano exclusivamente dedicada a política, economía y opinión. No hay otro medio como el PanAm Post.

Nuestros lectores están regados por el continente, siendo México, Colombia, Estados Unidos, Venezuela y Argentina donde se concentra la mayoría. Venezuela representa el 20 % de ellos, aunque, indudablemente, debido a nuestro excelente contenido sobre ese país, estamos seguros que buena parte de los números en otros países proviene de la diáspora venezolana.

Nuestro staff es también continental. Tenemos periodistas, editores y contribuyentes de varios países: colombianos, argentinos, uruguayos, mexicanos, costarricenses y venezolanos. De estos últimos al menos tres han sido perseguidos por el régimen de Caracas y se encuentran en el exilio, y dos forman parte de la diáspora que ha salido del país en busca de seguridad para sus hijos o huyendo de la hiperinflación.

Desde nuestros inicios hemos combatido con fuerza el comunismo castrista y su injerencia en Venezuela. Por ejemplo, publicamos un magnífico reportaje sobre la verdad del sistema de salud en Cuba, escrito por una gran periodista argentina, Belén Marty, quien, al regresar a Buenos Aires, luego de que el artículo saliera al aire, encontró que agentes del Gobierno cubano habían entrado a su apartamento.

Fuimos el primer medio en insistir en que el problema con el régimen venezolano no era su “populismo”. Insistíamos en que el régimen era comunista. Algo muy distinto a lo que los latinoamericanos han vivido en Argentina con el peronismo o en Perú en el primer período de Alan García.


También, desde un inicio, fuimos muy críticos de la “oposición” venezolana. Particularmente del liderazgo de Henrique Capriles Radonski y del resto de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Sin embargo, desde un principio dimos nuestro apoyo y expresamos solidaridad con tres líderes que se destacaban: Leopoldo Lopez, Maria Corina Machado y Antonio Ledezma. Sobrarían los ejemplos para reseñar cuanto respaldamos y cuanto apoyamos a estas personas, representativas de una verdadera oposición a la dictadura y a quienes veíamos como los líderes que estaban conscientes de la urgencia que había por un cambio de régimen. Aquí, por ejemplo, dimos nuestro apoyo a Ledezma.

También fuimos el primer medio en el mundo (y aún estamos entre un selecto grupo) que públicamente optó por dejar de apodar a Nicolás Maduro como “presidente”, para darle siempre y en todo momento el título que se merece: dictador.

Así llegamos al año 2019. En el PanAm Post no hemos cambiado nuestra forma de ser ni nuestras convicciones. Seguiremos atacando al socialismo en todas sus formas y seguiremos siendo críticos de aquellos políticos venezolanos que intenten darle largas a un régimen dictatorial por conveniencias partidistas —o incluso por conveniencias pecuniarias personales—.

Seguiremos siendo implacables con quienes intentan esconder actos indebidos o quienes se escudan detrás del poder. Lo hemos hecho en otros países, no solo en Venezuela. La pieza más leída del PanAm Post en su historia fue una nota investigativa de nuestro gran periodista argentino, Marcelo Duclos, sobre el caso de Santiago Maldonado.

Este año, luego de haber apoyado de muchas formas, y por varios años, la lucha de Leopoldo López —y luego de haber dado todo nuestro respaldo a Juan Guaidó por la valentía y el coraje demostrado al inicio de su mandato—, hemos sido severos críticos, es cierto, de sus decisiones posteriores. Lamentamos que no se hayan oído los consejos de personas que han sido claves en la lucha contra la dictadura, como Luis Almagro, secretario General de la OEA; Iván Duque, presidente de Colombia y ese gran venezolano que es Diego Arria.

Lamentamos, y hemos criticado, que se haya intentado formar un cogobierno con el chavismo y la boliburguesía. Lamentamos que se haya descartado por meses la estrategia para activar la Responsabilidad de Proteger en el ámbito diplomático mundial y, principalmente, lamentamos que se haya aceptado acudir a un diálogo organizado y apoyado por quienes desde el exterior actúan como aliados del régimen de Caracas.

Estas posiciones, no solo de nuestro staff sino de nuestros articulistas independientes, se han tomado como ataques personales a la figura de Juan Guiadó o como un respaldo tácito de nuestra parte a ciertos líderes venezolanos. No podemos evitar que personas parcializadas y casi fanáticamente comprometidas con esas estrategias erradas piensen así. No les haremos cambiar de opinión. Lo que sí podemos revelar es que, en efecto, quienes laboramos en este diario coincidimos con las posiciones públicas de Diego Arria, Antonio Ledezma y María Corina Machado. Tanto como una vez coincidimos con las de Leopoldo López.

Finalmente, en estos días se ha desatado una controversia por el magnífico trabajo investigativo de nuestro coeditor en jefe, Orlando Avendaño, referente a la vinculación económica entre el líder máximo de Acción Democrática y un miembro de la boliburguesia chavista. Al respecto solo tenemos que decir: digan, los que nos critican, exactamente qué es falso de lo reportado por Avendaño. ¿No es cierto que el hijo del Secretario General de Acción Democrática trabajó por años con una contratista de PDVSA? ¿No es cierto que para ser contratista de PDVSA después del 2004 había que probar la lealtad con el régimen? Cualquier crítica al PanAm Post sobre este reportaje debe empezar por allí. Digan exactamente qué es incorrecto.

Para terminar, cabe preguntarse qué piensan los miles de técnicos y trabajadores de PDVSA despedidos por Hugo Chávez, miembros casi todos de un sindicato adeco, sobre el hecho de que el secretario general de AD haya tenido vinculaciones con la PDVSA roja. ¿Qué piensan los miles de contratistas que debieron cerrar sus empresas luego de haber sido sancionados por estar en la lista Tascón?

Fundamos el PanAm Post no como un negocio. Lo hicimos por vocación. En general, salvo poquísimas excepciones, nadie se hace rico con el periodismo y menos aún con el periodismo especializado como el nuestro. Quienes laboran en el PanAm Post lo hacen porque disfrutan lo que hacen, porque creen en el servicio del periodismo.

Plumas pagadas, aterradas de perder su modus vivendi, no nos amedrentan. Aquí seguiremos reportando la verdad sobre Venezuela y sobre el resto del continente.



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Staff De PanAm Post
Fuente: es.panampost.com