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Por qué crear circulante para abaratar el crédito no funciona



Por qué crear circulante para abaratar el crédito no funciona
Toda burbuja de mala inversión terminará en recesión. (Foto: Flickr)


Cuando se crea dinero artificiosamente para prestar lo que no se había ahorrado antes, se financian errores de inversión, producto de distorsiones de precios

Mises explicó que el ciclo se inicia cuando, sin aumento en los productos intermedios ni posibilidad de alargar el período medio de producción, se establece una tasa de interés correspondiente a un período medio de producción más largo tendiendo a consumirse los medios de subsistencia antes que los bienes de capital empleados en la ampliación se transformen en bienes de consumo.
    
Esto hizo que los bienes de producción subieran más que los de consumo, algo que se puede revertir haciendo que los bienes de consumo se eleven y los de producción desciendan, aproximándose la tasa de interés nuevamente a la tasa natural. Indica Mises que la reducción del valor de cambio objetivo del dinero empuja la tasa de interés por encima del nivel que se exigiría de no haber modificación en el valor de cambio objetivo del dinero. Los bancos no pueden poner a circular nuevos medios fiduciarios sin terminar en una «situación de pánico imposible de contener». Ya la antigua relación entre precios bienes de producción y de consumo no se restablecerá. La distorsión ocasionó una redistribución de propiedad. Como no es factible trasladar todo el capital de usos que se ha descubierto que no producen beneficio a los que lo produzcan, parte del capital se dejará de emplear completamente o se destinará a cualquier actividad apenas económica.

Que el paradigma dominante tras la Segunda Guerra Mundial fuera una síntesis neokeynesiana anuló a la Escuela Austríaca en la academia hasta mediados de los años 70. Entonces, la economía neokeynesiana chocó con la estanflación. Al tiempo que Hayek recibía el Nobel de economía por «su trabajo pionero en la teoría del dinero y las fluctuaciones económicas y su penetrante análisis de la interdependencia de los fenómenos económicos, sociales e institucionales», la tradición neokeynesiana empuja la investigación económica a una desconexión «de compromiso» entre la micro y macroeconomía. Esto es un callejón sin salida que hace cada vez más interesantes las teorías de una corriente económica que lo evitó.

Huerta de Soto prefiere «exponer la teoría del ciclo basándonos en los efectos de la expansión crediticia» sobre la estructura productiva, quitando protagonismo al análisis de disparidades entre el interés natural y el monetario. Detalla seis procesos microeconómicos que tienden a revertir los errores cometidos en una burbuja crediticia:

Sube el precio de factores originarios de producción, como las materias primas, debido a que el impacto monetario hace que los empresarios las demanden al tiempo que no se liberan como producto del ahorro, o no hay suficiente liberación pues la expansión crediticia crece a un ritmo muy superior al del ahorro.
Suben los precios de los bienes de consumo, porque cuando el dinero llega a los empresarios, pagan a sus proveedores y así termina llegando al bolsillo de los consumidores. Si la tasa de preferencia temporal no ha cambiado, siguen consumiendo y ahorrando en la misma proporción, con lo que el precio de los bienes de consumo sube. Mientras no se culminen los alargamientos de la estructura productiva a que darían lugar las inversiones en bienes de capital (y muchos no se culminarán jamás), se producen y esto incide en los precios.
Los beneficios de las empresas más próximas al consumo empiecen a crecer más rápidamente que los de las inversiones emprendidas con la expansión crediticia, señal que hacer titubear a los empresarios.

El alza del precio nominal de los bienes de consumo supone una bajada en términos relativos del nivel de los salarios reales. A los empresarios deja de interesarles invertir en el margen en la misma proporción en capital y comienzan a contratar en términos relativos más mano de obra –más turnos y en otros más personal por turno–, algo letal para la demanda de los bienes capital que financiados por la expansión crediticia.

Alza de tipos de interés. La expansión crediticia se inyecta en el sistema por medio del sistema bancario reduciendo el tipo de interés que se pide y con él, el resto de condiciones periféricas para conceder préstamos. Pero cuando ya se  ha inyectado la expansión crediticia y comienzan a subir los precios, Huerta destaca que el tipo de interés tiene una componente de riesgo y otra por inflación esperada que hacen que los tipos de interés empiecen a subir. Recuerda cómo Hayek en 1937 demostró que la inversión en bienes de capital genera una demanda adicional autónoma de ulteriores bienes de capital que tienen un carácter complementario. Los empresarios asumirán tasas de interés más altas para terminar los alargamientos antes de tener que asumir el fracaso de proyectos en los que comprometieron demasiados recursos.

La conjunción de los cinco anteriores efectos implica que aparezcan pérdidas contables en las etapas más alejadas del consumo. El contraste con beneficios en etapas más próximas al consumo, revelan la magnitud de los errores empresariales forzando la paralización y liquidación de malas inversiones. Se desplazan recursos de las etapas más alejadas del consumo hacia las más próximas al mismo. Cuando la subida de precios asusta a las autoridades monetarias y el banco central comienza a subir los tipos de interés hace que el valor actual de los bienes de capital caiga significativamente, y con él caerán los títulos que los representan en mercados bursátiles y financieros. Y el castillo de naipes caerá.
Nos explica la teoría austríaca del ciclo económico que cuando se crea dinero artificiosamente para prestar lo que no se había ahorrado antes, se financian errores de inversión producto de distorsiones de precios inducidas por ese circulante y que toda burbuja de mala inversión terminará en recesión.


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Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencia Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, Venezuela.

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Por: Guillermo Rodríguez González
Fuente: es.panampost.com