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Varguenses abandonan empleos formales: sueldo mínimo del régimen no alcanza para nada

Fuente: https://youtu.be/7Bc6ICBrshU
Foto: Amy Torres



No importa la edad. Buena parte de los varguenses la están pasando muy mal. De tener trabajos formales,  se han visto obligados a vender en la calle «para medio comer y comprar medicinas». Lo peor es que no todos los días son buenos, y eso que están en pleno casco de Maiquetía, otrora epicentro de la actividad comercial del Litoral Central.

De chofer de bus Francisco Viera pasó a vender chupetas en una esquina. Tiene 60 años y es diabético desde hace 10. “No tengo ninguna profesión, pero fui avance. Estuve trabajando 10 años en el Mercado Cacique Maiquetía, pero debí vender los puestos porque estaba quebrado”.

“Ahora me vine a la calle a vender chupetas. Fui a buscar el dinero de la pensión, pero no hay. ¿Para qué voy a insistir? Tengo que vivir y trabajar para comprarme la insulina”, relató.

Viera señaló que nunca antes le había resultado tan difícil controlarse la enfermedad. “Antes me la daba el Seguro y el Periférico, pero eso se acabó. Vas y no hay. Tuve tres años sin ponérmela y me enfermé: la tensión se me disparó”.

Con dolor explicó que la medicina, según le dijeron, cuesta 800 mil bolívares o irla a comprar a Colombia. “Nada es fácil. La calle está más difícil. Vendo un paquete de chupetas y me quedo aquí hasta las 7 de la noche si no me corren los policías”.

Viera vive en Armando Reverón y señaló que la bolsa de comida que da el régimen le llega cada dos meses, por eso debe decidir entre comer y la insulina.

Después de 20 años dedicada a la economía informal Yonair Rodríguez solo tiene dos mesas de madera que sostiene con cestas plásticas. Es madre de seis hijos y uno adoptado, y aunque sale a trabajar todos los días a las 3 de la madrugada “solo me alcanza para comprar la comida de la casa”.

Con nostalgia recordó que en el pasado vendía de todo: frutas, verduras, hortalizas. “Cada vez la situación está peor: la mercancía más cara; ya no se puede vender. Tenía una feria con cuatro carpas en la Plaza Los Maestros, pero los altos costos me hicieron salir de la mercancía poco a poco”.

Refirió que el bajo poder adquisitivo del consumidor también los impactó. “Antes compraban uno, dos o tres kilos, pero el que se llevaba un kilo de tomates antes solo se iba con dos tomates: pasaron a comprar al día”.

Rodríguez está vendiendo solo fresas mientras terminan las remodelaciones en la plaza. Dijo que las compra en Caracas y que vende 10 cajas diarias, es decir, 120 kilos. “Si no se me acaba en este punto me voy a otro a venderlas”.

Con 21 años y un título como bachiller en Ciencias, Yosmarlin Peña dejó su trabajo como cajera para atender un punto de venta en un puesto de frutas. Esta joven es madre de tres niños y declaró que ganar 40 mil bolívares mensuales, equivalente al salario mínimo, “te quita las ganas de trabajar”.

“Aquí se gana más del mínimo y tratas de sobrevivir. Por eso prefiero venir a trabajar en la calle”, lamentó.



por AMY TORRES
Fuente: Caraota.net