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Más de tres millones de personas reciben agua con heces fecales en centro del país

Fuente: https://youtu.be/ea8oaTtw3DA
Foto: Dayrí Blanco



Aleja de Valiente pensó que si no tenía pruebas nadie le creería. Los primeros días hasta a ella le parecía mentira que al abrir el grifo solo saliera, con suerte, agua amarilla, porque lo que ya se ha vuelto común es que esté llena de sedimentos, larvas y un mal olor al que no se puede acostumbrar.

Así que tomó un envase de vidrio y recogió un poco de ese líquido, eso bastó para sorprenderse con que se trata de una realidad que se repite en cada hogar de las tres millones de personas que dependen de la Hidrológica del Centro (Hidrocentro).

«Esto no se puede beber y tampoco sirve para cocinar», expresó cargada de impotencia y cansada de caminar más de ocho cuadras, desde su casa al sur de Valencia, hasta un pozo profundo al que va a diario a recoger algo de agua más limpia. Ahí, todos se quejan de la suciedad que sale de sus tuberías. «Uno puede ni bañarse porque da picazón en el cuerpo», relató Carlos Blanco.

Al norte de la capital carabobeña la situación es la misma. Mitzaida Pérez vive en El Trigal, y además de las fallas con el suministro, las pocas veces que llega agua a su sector la usa solo para los baños. «Porque ni para fregar sirve, quedarían los platos, vasos y ollas todo contaminado y eso causa enfermedades estomacales».

El problema no es que el agua esté amarilla, sucia o que huela mal. Es mucho más complejo que eso, de acuerdo al ingeniero Germán Benedetti, quien ha estudiado a fondo esta crisis. «Desde 2009 los residentes de Aragua, Carabobo y Cojedes reciben agua contaminada con materia orgánica, es decir, heces fecales y cianobacterias, debido a que las plantas de tratamientos de aguas residuales no están funcionando porque fueron desvalijadas».

Esto, de forma más simple significa que el agua que estas tres millones de personas bajan por sus inodoros, es la misma que sale por las tuberías, según aseguró el activista social, Carlos Graffe, quien se ha dedicado a investigar y denunciar este drama.

«Y esa no es una exageración, es realmente lo que pasa y está comprobado. Es un crimen de lesa humanidad que afecta el derecho a la salud, a la vida y al acceso al agua potable».

Benedetti explicó que las plantas potabilizadoras con capacidad de procesar 7.500lps (litros por segundo) se abastecen de agua cruda del Embalse Pao Cachinche y le da agua a cinco municipios de la Gran Valencia al procesar apenas 1.500lps, que equivale máximo a dos días por semana de distribución de agua, y esto solo por dificultad de potabilizar, ya que deben remover materia orgánica con trapos por no contar con sulfato de aluminio, que es el sistema indicado para ese proceso, lo que «deja el aluminio disuelto en el agua que envían a nuestros hogares con contenido de heces fecales, metales, y cianobacterias».

Todo esto indica que consumir el agua de Hidrocentro es lo mismo que cloacas, lo que, de acuerdo a especialistas, es un riesgo para enfermedades como cáncer y que se desencadene lo que se llama «niños tóxicos», por tener aluminio en la sangre que afecta su sano desarrollo, además de múltiples enfermedades de la piel, caída del cabello y afecciones gastrointestinales.

«Lo más grave es que durante años las autoridades, no solo han negado la situación, sino que ha atacado y perseguido a quienes hemos alzado nuestra voz, y el problema, más allá de resolverse se ha complicado y multiplicado», enfatizó Graffe.


por DAYRÍ BLANCO
Fuente: Caraotadigital.net