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Normalización de lo ilícito



Normalización de lo ilícito



“Hoy la corrupción en Venezuela no es un fenómeno equiparable al pasado”
En un reciente estudio de campo, en el grupo focal un participante comentó: “el dinero que nos pagan, el sueldo que nos pagan debe venir del lavado de los dólares…” En plena “normalización”, la misma persona indicó: “son una plaga que cayó en Venezuela; en mi familia pasamos hambre.”

Estos días oscuros van mostrando de qué está hecho este régimen. La movida económica pareciera advertir que el ciudadano recupera capacidad adquisitiva. ¿Es así o es el costo que el sistema paga para mantener el control? Esta pregunta me lleva a distinguir entre la corrupción que se genera en una economía limpia, a las actividades financieras y comerciales en una economía basada en el crimen y la ilegalidad. Las distinciones comienzan a ser vitales. Me pregunto, ¿cuál es la fuente de financiamiento que hoy tiene el régimen?

Hoy la corrupción en Venezuela no es un fenómeno equiparable al pasado. Aquí la práctica y discurso marcan una relación en la que podemos afirmar que algo cambió en las condiciones de fondo: la generación de riqueza de parte del “Estado”. Cuando vivíamos del petróleo el origen de esa riqueza era lícito, la corrupción se practicaba en la malversación de esos recursos y en el enriquecimiento ilícito de particulares.

La renta petrolera siempre nos permitió vivir como en una especie de burbuja, solo que había trabajo, producción y bienestar. Vivíamos en democracia. Las cosas han cambiado, hoy no podemos decir que la base de la riqueza que maneja el régimen sea lícita, legal o limpia, y aquí viene la gran diferencia: ¿de qué corrupción y de qué normalidad podemos hablar en este momento?

Son muchas la denuncias que colocan el origen de la riqueza que hoy maneja el régimen en actividades ilícitas como el narcotráfico, la trata de persona, extracción ilegal de oro y otros minerales, etc. La corrupción es de otra naturaleza, no es una práctica de particulares. Es todo un sistema que vive de lo ilícito y produce una economía basada en la corrupción. La corrupción está en la naturaleza del sistema económico y político que se viene imponiendo, no es una acción al margen y de entes aislados.

Esta riqueza ilícita, oscura, de origen dudoso genera una circulación monetaria que alimenta un aparato financiero y comercial basado en el delito. La corrupción dejó de ser un delito individual para convertirse en un delito que cruza toda la estructura de poder del régimen, “del Estado”.

¿Qué efecto puede tener esta inyección de dinero sucio en la economía? Lo que estamos viendo: la mentada “normalización”. ¿Se puede pensar en términos de revolución? Sí. Las revoluciones subvierten los valores de origen, establecen un “nuevo” sistema de significaciones. Inauguran un orden distinto, por tanto, una “nueva legalidad”.

Les invito a tener en cuenta que cuando pensemos en la “normalización” sepamos que el origen de su financiación es oscuro, corrupto, basado en el crimen.  ¿Pudiéramos decir que es una normalidad anómala? Esta es una definición conveniente, que nos lleva a la institución de un nuevo sistema de normas, las que se derivan de un proceso delincuencial.

Una de las regiones que avanza en este modelo es el Zulia, pero también lo vemos en Caracas, Valencia, Táchira, Lara, etc., comenzamos a monitorear cambios en la inversión pública, en algunas regiones reaparecieron los transportes de recolección de basura, pavimentación, arreglos de plazas. En general, inversiones en obras públicas, alumbrado y un circulante monetario que no lo explica sólo la remesa.

Por otro lado, el mercado está lleno de productos importados. Vuelve a la mesa harina precocida procesada, que había sido sustituida por el maíz. Vuelve el arroz entero que había sido sustituido por el arroz pico. La industria cae y la importación sube. ¿Con qué dinero?

El régimen paga la normalización con dinero del narcotráfico y otros negocios ilícitos, ¿con qué lente leemos el “progreso” y normalidad? ¿Basta decir que la normalización es necesaria para alcanzar la normalidad? ¿Cómo nos comemos la corrupción? ¿Podemos justificarla?

La “normalización” no es una elección de los ciudadanos, es una imposición del sistema, es costosa y tiene un claro origen. ¿Desde dónde hacemos política? ¿Descubrimos la raíz o nos dejamos guiar por la apariencia?

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Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores.



Marzo 01, 2020
Mirla Perez | 
@mirlamargarita